La crisis al desnudo

Para caracterizar la desastrosa gestión económica del gobierno, pueden analizarse las cifras frías, para así mostrar en base a una argumentación analítica los elementos que dan cuenta de los resultados de esa gestión. Por ejemplo en los últimos días el Banco Central, tal como lo acordó con el Fondo Monetario Internacional, dio a conocer las cifras del cierre del año pasado que –pese a lo reiterado por los que quieren encubrir el desastre–, aparecen como un mecanismo idóneo que prueba muchas afirmaciones empíricas que se han realizado.

El déficit total del sector público se ubicó durante el año 2002 en U$S 520 millones, lo que corresponde a un 4,2 por ciento del Producto Bruto Interno. Por supuesto que muchos economistas, los que siempre afirman ante cualquier medida del gobierno, que «se está en el camino correcto», siempre se negaron a admitir este grave deterioro al que hay que sumar otras cifras, también proporcionadas por el Banco Central. La deuda bruta del sector público cerró el año pasado en U$S 11.345 millones de dólares, U$S 1.273 millones más que en 2001. En términos de Producto Bruto Interno ello representó un 92,1% frente a una relación deuda/producto de 54% en el año anterior.

A esta altura sería bueno que nos preguntáramos: ¿Cuánto de estos U$S 1.273 millones de dólares en que se incrementó la deuda externa, se utilizó en apuntalar la economía sana del país? La respuesta fría, basada en las cifras proporcionadas, es que ni un solo dólar.

Todo ese dinero sirvió para tratar de revivir a un muerto. A un sistema financiero que, al derrumbarse la economía argentina a la que era funcional, ingresó en una crisis terminal. Sin embargo el gobierno con una insólita visión, lanzó miles de millones de dólares a ese barril sin fondo. Por supuesto, no revirtió el proceso de achicamiento bancario, ni tampoco evitó la caída de varias instituciones. Pero lo más grave es que todo ese dinero ni siquiera sirvió para «honrar» a los ahorristas e inversores que habían creído en su aparente solidez.

Por supuesto que en conocimiento de las cifras oficiales, que muestran ese desastre sin parangón, producto de un cúmulo de decisiones equivocadas, es tentador desembocar de nuevo en el lenguaje que algunos políticos emplean para disfrazar la realidad.

Es algo que haremos en otra oportunidad. *

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