Una política exterior vergonzosa

En el campo de la diplomacia el gobierno actual sigue acumulando jalones en una orientación lamentable, contraria a los intereses actuales y futuros del país y de espaldas al sentir de la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Dos o tres episodios de las últimas semanas no hacen sino dar ominosa continuidad a una gestión caracterizada por la sumisión incondicional a los intereses de la política exterior de la administración Bush, con todo lo que, en la actualidad, conlleva aludir al lamentable inquilino de la Casa Blanca, ese «pedagogo del crimen, patán de la muerte», al decir de Federico Fasano.

En este último tramo de la gestión exterior, el gobierno avergonzó y defraudó al país con su pusilánime posición ante la agresión a Irak, acción genocida ostensiblemente violatoria de las normas internacionales a las que el país dice dar su apoyo.

Toda la parafernalia de la defensa del derecho como el método civilizado para dirimir los conflictos entre las naciones y la retórica de respaldo a la Organización de las Naciones Unidas se derrumbó dejando paso al impresentable seguidismo de la limosna.

El segundo gran escenario de las dejaciones de principios viene siendo la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

En el seno de este organismo ya la diplomacia uruguaya escribió páginas penosas en la reunión del año pasado cuando se actuó en forma solapada, de acuerdo al deseo de la gran potencia, contra los intereses de Cuba, prestándose la Cancillería a promover una moción de condena, a pedido del «hermano grande» de la Casa Blanca.

Pero, con este antecedente, la diplomacia uruguaya parece no tener límites avanzando hacia el peor lado: al tiempo que se retoma la iniciativa contra Cuba, los representantes de Uruguay en Ginebra votan con los países que se niegan a considerar que en Irak está planteada una cuestión de violación a los derechos humanos.

El episodio en sí es grave y más lo es la posición uruguaya.

Estamos frente a una agresión que se ha transformado en una gigantesca carnicería, una masacre donde el número principal de víctimas se recluta entre civiles, es especial de mujeres y de niños.

Los testimonios en ese sentido no dejan lugar a dudas. Las «armas inteligentes» no han dejado de hacer estragos en la población desarmada y las bombas y los misiles no han dejado de caer sobre plazas, barrios residenciales, mercados y supermercados.

Ya son cientos los pobladores Bagdad, Basora y otras ciudades de Irak que han muerto como resultado de la agresión. Regiones enteras y ciudades medianas y grandes sufren la falta de alimentos y sobre todo de agua potable y medicamentos.

En ese contexto se ha denunciado por Amnistía Internacional que las tropas anglo-norteamericanas están usando munición con Uranio Empobrecido (UE).

Los efectos de la incorporación del UE a las bombas y proyectiles le asigna una extraordinaria capacidad de penetración. Pero sus efectos venenosos y contaminantes duran mucho tiempo. La siniestra modalidad ya fue empleada en la primera Guerra del Golfo y el efecto sobre las tropas norteamericanas viene siendo estudiado ya que habría decenas de miles de soldados seriamente afectados por la contaminación con UE.

Nuestra diplomacia aparece así reiterando en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU el triste papel de peón en un tablero puesto al servicio de la estrategia imperial de los Estados Unidos.

Triste y ridículo papel de esta diplomacia del «corre, ve y dile» al servicio del amo rico, poderoso y arrogante.

Un patrón que usa y abusa de los organismos de las Naciones Unidas, cuando sirven a sus intereses. Y que los menosprecia ante la más mínima contrariedad, ante cualquier contratiempo que impida la realización inmediata de sus designios. *

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