El monetarismo y la confianza

Cuando un país está en crisis y en lugar de tratar de movilizar la economía de la manera más simple, creciendo, su gobierno se dedica a realizar malabarismos monetarios con el fin de mejorar sus números, la consecuencia lógica de ello es la reaparición de la desconfianza.

Ese elemento que todavía está presente en nuestra sociedad, expresado en los dólares que están escondidos en colchones y cajas de seguridad es, de persistir en su intensidad, un síntoma nada positivo, ya que determinaría el fin del proceso que el gobierno está anunciando como un logro: el incremento paulatino de los depósitos en el sistema financiero.

Pero seamos justos: con malabarismos monetarios, tratando de equilibrar los déficit utilizando para ello la contracción del salario y el incremento de las tarifas de los servicios públicos, es evidente que el gobierno no logrará un escenario adecuado para el objetivo que busca, el de cumplir con los vencimientos de la deuda externa a fin de intentar abrir, en un corto plazo de tiempo, el mercado «voluntario» de capitales.

Para lograr ello sin previamente atinar a comenzar la restauración del aparato productivo, parecería imprescindible el apoyo externo, porque el país no está en condiciones de pagar, ni siquiera, los vencimientos del primer trimestre del año que rondan los 280 millones de dólares.

Si Batlle no tuerce el brazo del FMI, a través de la influencia de su «amigo «George W. Bush, para que habilite los 480 millones de dólares que retiene, es evidente que se vendrá la noche para el gobierno que, si no reprograma los vencimientos de la deuda, ingresará rapidamente en default. El lector entenderá lo que significaría para el país que de nuevo se habiliten pagos, como se concretara para apuntalar al sistema financiero, utilizando las reservas, que caerían nuevamente por debajo del mínimo vital, que es el respaldo al circulante monetario.

Lo malo, o lo peor, es que desde diversos círculos se sigue sin visualizar las únicas salidas que tiene el país, o sea su reactivación económica, apuntalándose la peor línea del gobierno, que es conseguir un pretérito equilibrio de las finanzas públicas. Debemos señalar por lo que significa desde el punto de vista ideológico afirmar, como hace en el semanario de la derecha el periodista Nelson Fernández, que textualmente afirma: «Y se ha caído en la tontería de mejorar el aumento en sueldos públicos con tiques por fideos en lugar de asumir la firmeza que requiere el manejo fiscal».

Comentario tontamente reaccionario, si los hay, que olvida que en tan solo un año esos trabajadores perdieron un 25 por ciento del poder de compra de su salario. *

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