Salud, censura virtual y reforma impostergable

La interpelación al ministro de Salud Pública, muy bien planteada por la senadora Mónica Xavier –pero mal resuelta, ya que habiendo mayoría de senadores en desacuerdo con la actuación del ministro no se logró la censura– desnudó la falta de una clara política de Estado en materia de salud y la necesidad impostergable de comenzar a diseñarla.

Ugarte, Delpiazzo, García Costa, Solari, Burgos, Fernández Ameglio, Fraschini y Varela, ministros en la era democrática, no lograron concretar, algo de lo que en todos los discursos de asunción prometieron y que incluso estaba en los Programas de Gobierno, con pequeños matices, de todos los partidos políticos, a saber: salud para todos, en equidad e igualdad que llegue en forma universal, integral y oportuna y que sea accesible y eficaz. Y si a ello le sumamos la necesidad del cambio de modelo de atención, adecuándolo a la realidad demo epidemiológica del país; al fortalecimiento tanto del sistema público como privado; la coordinación entre ambos a los efectos de no dilapidar recursos; y la racionalización en materia de políticas de medicamentos y de incorporación de tecnología, nos encontramos, no sólo que no se ha avanzado, sino que estamos ante una situación tan crítica que muchísimos actores han catalogado como de emergencia sanitaria nacional.

Estamos ante la carencia de un sistema de salud que integre coordinadamente los subsistemas actuales; con una desfinanciación crítica, tanto en lo público como en lo privado, a pesar de los muy buenos recursos que el país gasta en la materia; carencias graves en la red asistencial pública, por presupuestos insuficientes, para un número de usuarios cada vez mayores; cierre reiterado y dramático de mutualistas en Montevideo por las consecuencias sociales que implica; cadenas de insolvencias que comienza en el Estado incumplidor con los proveedores, tanto de insumos como de servicios, y que continúa en el sector privado, llegando a las situaciones de inviabilidad y de inminente peligro de cierre para la mayoría; malísima utilización de los U$S 28:000.000 que el BIRF le otorgó desde el año 1994 al MSP, para el Programa del Fortalecimiento Institucional del Sector Salud (FISS), repartido fundamentalmente entre consultores y asesorías, culminado a fin de año sin mayores logros; fracaso en la toma oportuna de decisiones como lo fue la epidemia de meningitis meningocóccica en el año 2001, y con un Plan de vacunaciones que ha dejado sin inmunizar a 93.000 niños que recibieron su primera dosis; flaquezas en la ejecución de Programas de promoción de salud y Prevención de enfermedades, sobre todo en lo referente a HIV-SIDA y dengue.

¿Creerá el ministro y sus asesores que el hecho de que el Senado de la República no lo haya censurado lo pone a salvo de otras instancias similares a corto plazo?

Lo será, si rápidamente da señales de cambios de orientación hacia objetivos claros que nos lleven a esa política de Estado en materia de salud que el país está esperando. Política de Estado a la cual deberá llegarse en acuerdo con todos los actores que intervienen en esta sensible área de la sociedad, tanto políticos gremiales, como usuarios. Cuando se decide poner en marcha una política de Estado se antepone lo que la sociedad necesita sobre lo que el gobierno de turno piensa al respecto.

En nuestro país en materia de salud, hemos estado apresados en decisiones de gobierno y de ministros, que a pesar de que los resultados vienen demostrando que no es el rumbo adecuado no se ha tenido la visión de buscar las soluciones de fondo a través del debate e intercambio de ideas con todos los sectores involucrados.

Con el eje rector de la Declaración Alma-ATA de la OMS; y con el conocimiento profundo de nuestra crítica realidad sanitaria y el deseo compartido de actuar rápidamente sobre la misma, y con un MSP al que todos consideran como rector y normatizador, obliga a este a hacer un llamado para el diseño definitivo de esa política. Y en ese ámbito comenzar a analizar un temario donde deberán estar presentes:

1) Nuevo financiamiento del Sector. Seguro Nacional de Salud;

2) Coordinación de los Subsistemas públicos y privados, llevándolos a un Sistema Nacional que racionalice su estructura, complemente servicios y unifique asistencia;

3) Cambios en el modelo de atención, manteniendo la integralidad, pero priorizando el primer nivel de asistencia, y la Asistencia Primaria en Salud.

4) Políticas razonables en materia de medicamentos y tecnología,

5) Políticas salariales tendiendo a la igualdad de remuneración de acuerdo a la función, universalizando la misma, tanto al sistema público como privado.

Ojalá que esta interpelación al ministro Varela le haya significado un llamado de atención al gobierno, y que no sea considerada una convalidación por el hecho de que no fue censurado. Y que ese llamado de atención lo lleve a convocar rápidamente en forma plural a todos los sectores que puedan aportar a un diseño de una impostergable reforma que la Salud necesita. Si no se toma ese rumbo, vemos en un horizonte cercano nuevas instancias parlamentarias, que de concretarse, ya no será fácil eludir la censura. *

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