Etica antes que nada
Uruguay se descompone aceleradamente. La descarada utilización que hace el gobierno de las políticas salarial, jubilatoria, tributaria y de tarifas públicas, ha traído efectos devastadores.
Cuando termine esta pesadilla, ¿qué duda cabe?, las consecuencias de esta «catástrofe programada», según Gunter Grass, serán de tal magnitud que habrá necesidad de refundar el país.
Sigue cayendo el PBI; 10% en el último año. Caen los salarios promedio y pasividades en porcentajes cercanos al 20%, aproximadamente en el año 2002.
Agreguemos que los únicos que pagan impuesto a la renta personal son los salarios y jubilaciones. ¿Gravar a los poderosos? ¡Ni hablar! ¡Faltaba más!
Pérdida en los últimos cuatro años de más de 200.000 puestos de trabajo. Más de 120.000 de ellos en el último año. La mayor de la historia.
Se nos habrán ido del país entre 5 y 6 uruguayos por hora en el año 2002.
¿Para qué seguir anunciando rayos y centellas? ¡Pobres uruguayos! ¡Me gustaría darles (darme) buena noticias.
Si habrá que reconstruir el país. A quienes están en el tema les corresponderá la tarea de proponer las medidas necesarias. Pero previo a cualquier medida que se adopte, habrá que establecer algunas pautas esenciales, no técnicas, sino políticas, morales.
Porque que unos pocos se hayan ingeniado para hacer plata y más plata., sin andar con delicadezas para ello, incluso vendiendo las joyas de la abuelita, ¿es o no un problema moral?
Se fueron miles de millones de dólares usando un sistema financiero troglodita, que nos fue devorando silenciosamente, casi clandestinamente, posponiendo inversiones en educación, salud, alimentación.
Mientras ello sucedía, un ejemplo de tantos, dos niños, Mario y Juan, hijos de artesana y albañil desocupados, comieron pasto que la madre desesperada, cuando los vio llorar, cortó, hirvió cuidadosamente y se los dio de comer. No corresponde que nos preguntemos ¿cuál es la ética por la cual se rigen nuestros ecónomos neoliberales? ¡Bah! No la tienen, seamos claros.
Terminante entonces debe ser el rechazo en todos los planos posibles hacia quienes un día sí y otro también, nos dicen que hay que reducir el déficit fiscal, por tanto, salarios y jubilaciones, porque hay que tener reservas para el pago de los intereses de la deuda, o que hay que fortalecer reservas monetarias, etc.
Mientras tanto, el desmejoramiento de la calidad de vida es brutal, inmoral en primer término, resultado de la catástrofe programada, a nivel internacional y nacional.
En cambio nuestros «prohombres de la economía», encerrados en sus escritorios, se seguirán preocupando exclusivamente por los índices de inflación, de comercio, o el «investment grade» (¿estará bien escrito?) o nos seguirán diciendo que tenemos que tener una especie de blindaje financiero, bla, bla, bla…
¿Por qué mienten tanto algunos economistas? ¿Lo hacen a sabiendas? ¿Por qué siempre descubren una nueva y oscura causa para cada fracaso o previsión fallida? Preguntas que se hace Le Monde Diplomatique en español de enero/2003.
Ya lo dijo Lula: me daré por satisfecho si al finalizar el mandato, todos los brasileños han comido tres veces al día. Eso es moral.
Salvo que quienes nos gobiernan quieran seguir el ejemplo tantas veces citado en estas páginas, pero no por repetido pierde su vigencia, de un gobernante asiático que para superar la crisis económica propuso a su pueblo el ayuno durante dos días por semana. Total, en este mundo de ganadores y perdedores, todo vale. ¿Es o no moral la cuestión? *
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