Honrarás a tu madre. El Jubileo
* La vida económica se ha psicologizado. Dependemos de la «depresión». De los «nervios» de ese ignoto y misterioso «Mercado». Alguno de ellos «emergentes». Otros «de riesgo». Nadie entiende un pito, no se ven ni se tocan, no tienen nombre, ni tiempo. Ni patria ni bandera. Son como el inconsciente. Tienen la llave de nuestra máxima felicidad o nuestro mayor desastre. Eso sí, cuando «ellos» ganan nosotros ni nos enteramos. ¿Qué quiere decir «generar confianza»? ¿Cómo alguien puede depositar (vaya palabrita de riesgo) sencillamente «confianza»? ¿Por qué creen los voceros del sistema político que sus declaraciones o los «acuerdos» y consensos «unánimes» de «todos» (que es lo que genera más desconfianza) crearán precisamente algo que la gente da o desde la convicción o por apego afectivo ¡¡ Tan luego después del corralón y la devaluación. Y los tarifazos !!.
* El politólogo Luis E. González (Brecha 10/1/03) insiste en lo necesario que las «dos mitades irreconciliables del país busquen acuerdo para sortear la crisis». Más consenso. ¿Para qué? «Para generar confianza. Ya que todo se desliza por lo psicológico, voy a arriesgar un diagnóstico y una indicación terapéutica: lo que falta es discriminación. Simbólica, imaginaria y realmente el sistema político tiende a la simbiosis, al aglutinamiento. Al pegoteo. No es casual la frase «son todos iguales» aunque nos duela a los que queremos hacer efectivamente «política». Aglutinados los partidos entre sí (que dejan de ser tales por cuanto «partido», es eso precisamente) Indiscriminados de la «lógica económica» o la tan mentada globalización. Indiscriminados de la lógica estatal (en el caso de la izquierda) que le impone su máquina de producción institucional. Hacer política debe ser torcer esa lógica, rupturar lo obvio. Torcer la vara para lograr que otros actores y otros beneficiarios sociales puedan ensayar otros caminos más creativos. Quizas más conflictivos. Pero a veces el conflicto es necesario, abrasivo, terapéutico. Estamos enfermos de consenso. Mejor dicho de su búsqueda. Falta un poco más de rebeldía. De sana protesta.
* La no discriminación no permite discernir y buscar líneas de fuga liberadoras, ensayar otro tipo de racionalidades. No deja escuchar al pueblo que cada vez se aleja más de sus representados. Todo funciona como un gran dispositivo de obviedades y naturalidades que se repiten como santas boludeces. Todo terminado, alineado desde los organismos multinacionales, vía Poder Ejecutivo o, más concentradamente, vía Oficina de Planeamiento y Presupuesto. El Parlamento ad hoc, levanta manos y salva crisis. No cuestiona. Partidos cada vez más alejados de una sana dinámica social que les imprima inquietudes, fracturas, cuestionamientos. La vida bah. Se recurre a los medios de difusión para generar consenso, pasividad, anomia. Con una sociedad muy castigada, agotada con inseguridad permanente, bestializada y sumida ora en el consumismo, ora en la indigencia. Presa además de campañas sofisticadas como las que padecimos aquel 2 de agosto posdevaluación, poscorralón; que aterrorizó a todos. Se necesitan acciones masivas que generen otra sensibilidad. Como las de Fucvam. Sacudones que paren efectivamente, por ejemplo, paremos esta cadena de tarifazos que se continúan y a la que parecemos acostumbrarnos.
* ¿No tendriamos que ensayar ante un nuevo tarifazo una acción enérgica de resitencia civil? No pagar todos alguna factura. Masivamente. Contundente. Que demuestre la fuerza de una gran alianza de todos los que somos castigados ¡¡Y si nos cortan algo, nos la bancamos!!
* Ahora se usan términos de corte moral.»Honrar la deuda». Ya no es solo pagarla. El recurso moral le da fuerza. Está en la lógica del Bien y el Mal. Los diez mandamientos de Moisés. Que por otra parte sólo aludían al padre y la madre. No había ninguno que hablase de «la deuda». Ahora, ya que abusamos con el verbo, abusemos con los plurales. «Honremos las deudas«. Apagar por un rato esa aspiradora bicéfala. Honorable para el agujero de salida, deshonrosa para no decir prostituida en el caño de aspiración.
* Hay otros códigos morales más interesante, de santa sabiduría. Como me explicara un gran amigo, avesado en textos bíblicos, ex predicador, existe también el Jubileo, ceremonia que según la ley de Moisés se celebraba cada tanto y «en que volvían a sus dueños las fincas vendidas y recobraban la libertad los esclavos». Acá siempre se protegen, secreto bancario incluido, a algunos deudores y se paga al FMI religiosamente para hacernos más esclavos.
* Tendríamos que usar la vara que ellos proclaman para evaluar la eficiencia de los administradores. Esos que nos hacen pagar las deudas y no nos perdonan ni una y nos siguen metiendo la mano en el bolsillo. Sacarnos a los holgazanes y los adherentes de la teta del Estado que siguen sangrando y ofendiendo a la conciencia pública con los contratos de obras donde se repiten los mismos apellidos. Hay que echar a unos cuantos por burros o ineficientes. Empezando por el Presidente. ¿Usted se imagina qué pasaría con el gerente de una multinacional, dinámica, privadísimamente eficaz si hubiera cometido la gaffe que cometió el doctor Batlle? ¿Cuál de ellas se pregunta? Bueno elija cualquiera. La de los argentinos ladrones, o la de la supuesta exportación de retazos de cueros, poderosísima evasión responsable de todos los males que nos aqueja. ¿Podría un ejecutivo de primera línea justificar un viaje a la Florida, para volver y sólo abundar en lo bien que cantan los espirituals los muchachos y chicas negros? Estaría sin empleo y sin recomendaciones.
* Nos está haciendo pasar un papelón internacional. Se inclina demasiado ante toda la familia Bush (padre, hijo, hermanos y espirtuals santo). Pide y pide, lame y lame para aparecer como niño juicioso.
No puede ver que el entorno latinoamericano está cambiando. Argentina tocó fondo pero sus reservas crecen y el doctor Lavagna dijo que no se tocaban. Los argentinos (los «ladrones») al menos negocian. Acá no podemos «re negociar» sencillamente porque nunca «negociamos». Sólo acatamos. Lo que sea. Y ya se sabe –otra vez con la psicología– nada peor para un padre exigente (como el FMI) que un niño dócil. Siempre le exigirá más y más. Lo peor es que el niño dócil en un giro de estupidez mayúscula, va y le dice a Chávez que aguante, que no renuncie. Bien. Ahora digo yo ¿qué pensarán los Bush de un tonto que la juega de listo? ¿Los inversores no se pondrán «nerviosos?
* Por lo demás, para honrar, sólo a la vieja que es una santa. Celebrar el Jubileo y apostar a la protesta. Pensemos lo del no pago. *
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