Podrían ahorrarnos tanta vergüenza
El sueño neoliberal de una entrada gloriosa al primer mundo demostró ser un delirio que culminó en una sangrienta pesadilla. La Argentina es el más rotundo fracaso del neoliberalismo a nivel mundial y la más dramática experiencia de declinación económica del siglo XX. Pese a esa experiencia que afectó decisivamente a Uruguay, el gobierno sigue rumiando salidas con ese contenido ideológico, más que superado.
La pregunta que cabe es ¿qué nuevo «consejo» nos puede brindar el FMI que no hayamos adoptado en el pasado? ¿O es que hay alguien que piense que el Fondo no tiene nada que ver con nuestra debacle económica? Sin absolver de sus culpas y responsabilidades a las clases dominantes de este país, sus operadores políticos de turno y sus usinas ideológicas como lo son algunas consultorías, lo cierto es que el libreto de este drama fue pergeñado en Washington y avalado hasta el final por el FMI, cuando su fatal desenlace era visto hasta por un ciego. De donde salió la idea, que está destinada a hundir al país en un empobrecimiento aun mayor, marginando a sectores cada vez mayores de la población.
Así las cosas el gobierno podría, igualmente, habernos ahorrado el espectáculo bochornoso y humillante que estamos padeciendo estos días: una legión de ignorantes tecnócratas del FMI, dirigidos por un experto chileno, vinieron a decirle a nuestros gobernantes –cual si fueran analfabetos, según objetara Fernando H. Cardoso– lo que tienen que hacer y cómo deben gobernar. Y éstos: ¿no sienten vergüenza? ¿No les queda siquiera una pizca de honor, de hidalguía, de patriotismo? ¿No se dan cuenta de que tamaña genuflexión ante los dictados del imperio casi no tiene precedentes a nivel mundial? ¿Ignoraban lo que dijo el último Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, de que los «técnicos del Fondo son economistas de tercera»?
¿Tampoco oyeron la catarata de críticas de todo tipo que está recibiendo el FMI por su probada incapacidad para sugerir otra cosa que no sea su remanida receta ortodoxa, la cual profundiza la recesión, agrava la injusticia social y destruye la democracia? ¿Para qué los traen?
El gobierno tiene que cambiar el rumbo de la economía antes de que se consume un desastre de proporciones aun mayores que las conocidas hasta ahora. Tiene que obrar con sensatez y desoír a los tecnócratas , pues nadie en su sano juicio necesita de los consejos del FMI. Lo que tiene que hacer para comenzar a salir de la crisis es tomar decisiones fundacionales: establecer una legislación tributaria progresiva que reconstituya al Estado y las finanzas públicas y ponga fin al infinito subsidio a los grandes capitales financieros mientras se profundiza el saqueo de los trabajadores, los pequeños ahorristas y los consumidores en general. No hay que hacerse ilusiones: si no se reconstruye el Estado, no habrá democracia ni vida civilizada.
Tambien: deberá producir un shock redistributivo que permita la recomposición del mercado interno, sin la cual no hay crecimiento posible. Si persistiera en su actitud suicida de escuchar los cantos de sirena del FMI y sus voceros el naufragio será inevitable, con lo que se abriría un ciclo de violencia y dolor que nadie quiere en este país. *
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