Luego del doloroso 2002

2002 fue el año de la peor crisis de los últimos 70 años, tal vez sólo comparable a las repercusiones de la catástrofe de Wall Street en la década del 30. Los índices de pobreza estructural que alcanza a la mitad de los niños uruguayos, el desempleo que a nivel nacional ronda oficialmente el 20% (y que extraoficialmente sólo Dios sabe) la emigración nacional que superó las 30 mil personas y el fin del modelo uruguayo de plaza financiera, son precisamente los más notorios indicadores del año que pasó y que estábamos tan ansiosos por despedir. Este es el nivel «macro» que hablan los economistas (aquellos que siempre aciertan después) los mismos que sostuvieron que brasil luego de la devaluación de 1999 caminaba rumbo a la hiperinflación y al final no pasó, los mismos que predijeron que Argentina se desintegraba como nación en diciembre de 2001 y que al final tampoco sucedió, hoy Argentina está saliendo lentamente de su desgracia, a pesar de la muerte de bebés por hambre, pero Argentina sale, tal vez por no pagar la deuda externa, ¿no habrá caído un cuento chino?

2002 fue el año que le hicimos los mandados al señor Bush para que nos prestara plata para evitar el «corralito uruguayo» que al final sucedió, 2002 fue el año que se rompió el modelo de estabilidad de tres pilares (según el economista Luis Porto), política cambiaria (basada en el sistema de banda de flotación, que al final fue desechada), política fiscal (basada en el control del gasto, privatizaciones y ainda mais), política comercial (basada en el fomento de la competitividad buscando acortar la brecha entre la producción nacional y la extranjera). Roto el modelo financiero igualmente Uruguay logró su préstamo de 3.000 millones (que por cierto no vino en avión, sino que aguarda estoicamente en una cuenta a nombre de Uruguay en el seno del FMI). 2002 fue el año que se publicitó el sueldo de los bancarios en Internet, pero no fue el año en el que se publicitaron los contratos de parientes y contraparientes de la clase política uruguaya, los cuales representan un gasto absurdo, vergonzoso e intocable, no obstante en 2003 el matutino LA REPUBLICA publicó los contratos.

2002 fue el año de la angustia de la gente común (como todos nosotros) esa aprehensión que no figura en los análisis numéricos sino en el diario vivir, en que le corten la luz el agua o el teléfono, en las largas colas para sacar préstamo bancarios (muchas veces para comer), en la tristeza de ver la inmensa cantidad de niños solos, pidiendo puerta a puerta, en el sufrimiento de las madres (agotadas de cargar sus pequeños sin rumbo el día entero), en la abrumadora angustia de los padres de familias que retornan todos los días de su vida a su hogar sin haber encontrado trabajo y con las manos vacías. 2002 fue el año de las lágrimas de los uruguayos por no tener plata, 2002 fue el año de las lágrimas del Presidente por meter la pata.

En este año negro y amargo, los uruguayos terminamos 10% más pobres (el PBI cayó esa cifra), tal vez por ser más pobres compramos menos y la balanza comercial se niveló un poco al bajar 1.000 millones de dólares las importaciones. Pero ¿se podía haber hecho algo para evitar o atenuar el desastre?

Analizando declaraciones a distintos actores públicos, es posible asegurar que se percibió la crisis en el mes de enero, luego en febrero comenzó la corrida de depósitos y en marzo-abril la misma alcanzaba más de 50 millones de dólares diarios, es decir que en mayo se tenía que haber tomado la decisión que llegó en agosto.

En una entrevista del diario El País (26.12.2002) un integrante del equipo económico evaluaba en más de dos mil millones de dólares los depósitos que se perdieron (por la corrida) en el primer semestre de 2002. ¿Por qué entonces no se intentó amortiguar el «saqueo» a que fueron sometidos nuestros bancos?, cuando se sabía inminente que los no residentes (argentinos mayoritariamente) vendrían a retirar todos los dólares que tenían, alguna medida a tiempo hubiera equilibrado el nivel de reservas del Banco Central y tal vez se hubiera evitado la pérdida de confianza que implicó la reprogramación de depósitos en la banca oficial.

La única explicación que encuentro es que se equivocó técnicamente el equipo económico, políticamente el gobierno y la coalición fue cómplice por omisión.

Las responsabilidades políticas existen y los responsables deben hacerse cargo, el Partido Nacional integró el gobierno, votó los sucesivos ajustes fiscales y contempló desde los organismos financieros de contralor el desenlace de los acontecimientos sin atinar ninguna medida de fuerza que obligara al Presidente y su ministro a cambiar el rumbo, por lo cual es entendible la realidad que lo ubica apenas con un 11% de intención de votos.

El Partido Colorado en su conjunto debe admitir la incapacidad política del Presidente de sus asesores, asumir los errores gravísimos que cometió y llamar a elecciones (la misma recomendación que Uruguay le hizo a Venezuela), el Encuentro Progresista debe poner las barbas en remojo y empezar a contribuir con el país, tratando de no volar los puentes que impidan un entendimiento político en el caso de que alcance el gobierno.

A pesar de los pesares manifiesto un optimismo sustancial, creo que lo peor ya pasó, 2003 es el año de la recuperación (lenta y demorada) pero recuperación al fin, cumplir el cronograma de la reprogramación (que indica pagar el 25% de los depósitos a plazo fijo reprogramados en la Banca Oficial), la alegría de los nuevos presidentes regionales preocupados por la gente y sus necesidades, el resurgimiento del Mercosur como instrumento de fuerza frente al comercio global, y los cambios políticos nacionales que se avecinan son algunos de los síntomas de los nuevos tiempos, hay esperanza, esta empieza en 2003.*

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