Dualidad de criterios

Que el gobierno nacional emplea un criterio para cobrar y otro para pagar, no es nuevo, pero sí es nuevo o al menos parece ser la moda de hoy, que se viene produciendo una brecha enorme que profundiza las diferencias en forma acelerada.

En medio del naufragio parecen no tener sosiego las dificultades que los uruguayos debemos continuar enfrentando, cuando aún ni se divisa la «orilla» esperada ni amaina la tempestad.

La aplicación «a la uruguaya», pero a rajatabla, de las recetas del Fondo Monetario Internacional, vuelve imposible la subsistencia de cientos de miles de compatriotas a la vez que va deteriorando gravemente la calidad de vida que disfrutábamos otros tantos.

La negativa, en los hechos más que en los discursos, a intentar renegociar una deuda externa que nos asfixia, hace que el peso de la misma recaiga sobre los cansados hombros de nuestros hermanos. El Estado emplea cada vez menos dólares para pagar a los funcionarios públicos y jubilados, mientras destina cada vez más dólares para el cumplimiento de esas obligaciones.

Así ocurre que, mientras el poder adquisitivo de los uruguayos cayó vertiginosamente (1 de cada 4 pesos nos ha sido arrebatado) desde filas gubernamentales se anuncia un aumento (?) inferior al 2%, lo que además de injusto resulta ya agraviante, pero no aplica la misma fórmula para las tarifas de los servicios a su cargo, las que aumenta en porcentajes que rondan y superan el 10%, luego de haberlas incrementado escaso tiempo atrás. Del precio de los combustibles, no hace falta, a esta altura, ningún comentario…

Y no sólo no cumple lo que promete, sino que no emplea lo que a la gente le descuenta. Basta mencionar dos ejemplos: hace tres años que se viene anunciando la aplicación de U$S 110 millones para la regularización y mejora de asentamientos y a la fecha se ha aplicado apenas la décima parte.

Y el otro ejemplo es el que motiva la movilización de Fucvam y otras entidades puesto que esta administración se ha gastado lo que debió haber aplicado en viviendas, que son más que necesarias y que por otra parte generarían empleo y dinamizarían la por demás alicaída actividad del país.

Por supuesto que esto constituye solamente una parte de esta desastrosa administración que engañó a cientos de miles con sus promesas, porque le consta a todo el mundo que nadie los votó para que hicieran esto.

Para finalizar esta breve nota: no olvidar que cuando hablamos del gobierno, siempre nos estamos refiriendo tanto a las personas como a los partidos que lo componen y lo sustentan. *

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