Los derechos humanos y la guerra

Los terroristas violan los derechos fundamentales de la persona cuando atacan a civiles… pero los Estados Unidos también ignoran principios fundamentales en el tratamiento de las personas sospechadas de terroristas, detenidas en su mayoría en la base militar de Guantánamo a quienes Washington niega la aplicación de la Convención de Ginebra para los presos de guerra», Informe 2002 de HRW.

La nueva situación creada en los Estados Unidos y en el mundo a partir de los atentados criminales del 11 de setiembre y el desencadenamiento de la «guerra total» contra el terrorismo capitaneada por el presidente George Bush, tendió al desarrollo de unas prácticas que vienen lesionando persistentemente la vigencia de los derechos humanos.

La constatación aparece expresada con mucha claridad en el informe para el año 2002 de la organización Human Rights Wacht (HRW) una oficina que desde hace años actúa en los Estados Unidos como una suerte de observatorio de control sobre la atención, o no, de los gobiernos sobre la vigencia de los derechos humanos.

Esta organización no gubernamental tuvo una actuación importante en el período de las dictaduras del Cono Sur, denunciando sus crímenes y falsedades.

El reporte anual de HRW pone el acento en la circunstancia que, en el desarrollo de su lucha contra el terrorismo, el gobierno de los Estados Unidos comete violaciones a los derechos humanos al tiempo que hace oídos sordos a las denuncias de las atrocidades cometidas por los gobiernos de los países que son aliados en esa lucha, como Arabia Saudita, Pakistán, China y los actuales gobernantes de Afganistán, los «libertadores» impuestos por las armas norteamericanas en la guerra contra los talibanes.

En el año 2002, según el informe de HRW, los Estados Unidos han saboteado la instalación del Tribunal Penal Internacional surgido del Tratado de Roma y han hecho todo lo posible por incumplir las resoluciones expresas de las Naciones Unidas en el sentido que la lucha contra el terrorismo debe desarrollarse respetando a los derechos fundamentales de la persona humana.

El documento de HRW –de 558 páginas, que abarca la situación de los derechos humanos en 58 países, incluyendo, América Latina– fue difundido en los Estados Unidos el pasado 14 de enero y en lo esencial tiende a coincidir con otras voces que dentro de la Unión vienen advirtiendo acerca de los peligros que, para las libertades y la vigencia de los derechos civiles y políticos, tiene la «lógica de la guerra» impulsada por Bush y sus colaboradores.

La cuestión tendría importancia aún si se tratara de una cuestión ya superada y el clima de guerra tendiera a disiparse. Lamentablemente no es así. Todo parece indicar que, de no mediar acciones muy enérgicas en el campo político y diplomático, los Estados Unidos y Gran Bretaña habrán de desencadenar una nueva conflagración en Irak con el propósito declarado de derrocar al régimen de Sadam Hussein. Acerca de los propósitos no declarados, desde diversos observatorios, desde hace ya algún tiempo se han lanzado advertencias muy precisas sobre la codicia que los grandes yacimientos petrolíferos de Irak despiertan en los Estados Unidos.

Si la preocupación por la vigencia de los derechos humanos ha sido una de las banderas fundamentales de la diplomacia norteamericana en el mundo después de las Segunda Guerra Mundial y uno de los tópicos con que más se insistió en el período de la «guerra fría», el gobierno de los Estados Unidos no podría atropellar los derechos fundamentales de las personas en buena parte del mundo sin tener que rendir cuentas acerca de estos crímenes ante la opinión pública de su país y del campo internacional. *

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