Lentitud
He usado antes esta parábola, pero vale la pena repetirla. En «A través del espejo», Alicia y la Reina Roja corren una carrera. Ya sin aliento, Alicia comprueba que siguen en el mismo lugar: «En nuestro país uno llegaría a otra parte si corriese por tanto tiempo». Y la Reina responde: «Un país más bien lento. Aquí hay que correr tanto para permanecer en el mismo sitio. Si quieres llegar a otra parte debes correr el doble de rápido». Es difícil que algo describa mejor lo que está pasando con la agropecuaria nacional. Se han acordado nuevas fórmulas para aliviar su endeudamiento pero el problema sigue ahí, tan campante. Las deudas persistirán y aumentarán mientras el sector no crezca y logre sostenerse.
¿Cómo podría hacerlo? Desde hace decenios los gobiernos van y vienen incesantemente, recorriendo desde la ganadería intensiva a los cereales, desde el arroz a la lechería, desde la forestación a la lana sin detenerse lo suficiente en ninguna parte. Mientras tanto, el pobre productor de lo que sea sigue con sus tradiciones y sus dudas a cuestas y la tierra es cada vez más de los capitales extranjeros.
No es todo acerca de lo lento que mueven sus piernas los gobiernos. A veces, cuando apenas si han diseñado una ayuda de emergencia, la demora suele ser trágica. Interrogue usted, lector, a los tamberos. Todavía esperan por esos centavos de dólar por litro que se les prometió para desahogar por un tiempo sus finanzas.
En verdad, esa lentitud de los administradores públicos –vistos como ordenadores de políticas, prestadores de créditos y promotores– ha impedido un matrimonio esperanzador con el campo. A la novia ideal la han dejado plantada demasiadas veces.
Qué sé yo. Intento, aunque no lo parezca, mirar alrededor con cierto optimismo. Es imposible. La realidad voltea. Y a veces, cuando oigo por ahí al Presidente o al robusto ministro de Ganadería aludiendo a los «signos positivos» que se advierten en el sector agropecuario, me vienen ganas de hacer un chiste.
¿Signos positivos? ¿Ah, sí? Vamos a esperar que abran el segundo frasco. *
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