Al óbol
Hace muchos años –tantos que tal vez sólo yo lo recuerde– en Peñarol jugaba un lateral izquierdo, Joel Romero, al que se conoció como «rey del óbol» (por outball, claro). Tenía una rara habilidad para sacarse líos de encima lanzando la pelota afuera.
Pocos se parecen tanto a Romero como Batlle.
El Presidente la ha tirado al óbol otra vez. No le bastó negar su firma para que el Correo distribuya diarios y revistas, operación que hubiese permitido bajar precios, aliviar a las empresas y aumentar puestos de trabajo; ahora ha dejado en algún cajón de su escritorio el proyecto de ley contra la corrupción, obra de una junta asesora designada por el propio Poder Ejecutivo, y presentado hace más de cuatro meses. Es una pena.
La corrupción ha contaminado a la política. Y si bien esa patología suele ser más evidente en el ejercicio de la administración pública, no es menos cierto que, a veces, los políticos llegan al poder ya suficientemente contaminados por una causa primordial: han hecho concesiones para financiar sus campañas electorales. De ahí que el punto crucial del postergado proyecto sea la obligación de los partidos de revelar el origen de los aportes que reciben.
Antes, los políticos eran populares en tiempos heroicos, o de crisis, como éstos. Ahora, casi todo el mundo desconfía de ellos, siempre. Un par de razones han influido en semejante desencanto. El periodismo de investigación está haciendo mucho mejor su trabajo; casi todo se descubre, casi todo se sabe al instante. Y ya nadie ignora que el costo de la política se ha vuelto excesivo y está fuera de control; ¿quiénes pagan las campañas, a cambio de qué lo hacen y asumiendo qué compromisos llegan los políticos al poder?
Si es por Romero, perdón, Batlle, no nos enteraremos. La mandó al óbol. Vaya uno a saber si los que vengan agarrarán el toro por las guampas.
Bastaría que tomasen el ejemplo de esos lepidópteros de las islas Kerguelen, donde soplan huracanes, que han evolucionado hasta perder su capacidad de vuelo para no ser arrastrados por los vientos furiosos. *
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