Confusiones sobre Israel
Don Leopoldo incursiona otra vez en temas del Cercano Oriente. Lo leemos con atención cuando se refiere al problema vasco o a la situación interna de su partido. Pero cuando se aleja de esos asuntos que conoce bien, me obliga a polemizar porque más allá de sus opiniones –respetables– demuestra no conocer suficiente historia. Y si hay algún lugar del planeta donde la historia desempeña un papel primordial es prcisamente en el Cercano Oriente.
Primera confusión: En el territorio de Israel (algo más de 20.000 kmno hay petróleo. ¿Cree usted que si lo hubiera no estaría extrayéndose para evitarle al Estado israelí el enorme costo de importarlo? Con la alta tecnología que caracteriza a las universidades de ese país, si hubiera petróleo ¿cree usted que estaría bajo la superficie sin ser utilizado? El oro negro explica muchas guerras en la región pero no es el único factor a considerar. Imagino que para un nacionalista como don Leopoldo deben tener también importancia las ideas, sentimientos y tradiciones de un pueblo, heredadas de un pasado común. Es el caso del pueblo judío que tiene –como todos los pueblos el derecho a su autodeterminación– y la ha obtenido, no sin dolor, en el viejo territorio que ocupó Israel en los tiempos bíblicos. Si fuese el petróleo el elemento esencial ¿por qué Israel devolvió la península del Sinaí a Egipto, con muchos pozos petroleros en funcionamiento? Porque más que el petróleo le interesaba la paz. Y cuando un astuto estadista como Sadat comprendió en 1977 que la paz era mejor para el pueblo egipcio que la guerra, viajó a Jerusalem, habló con los gobernantes israelíes y firma de un tratado de paz mediante, obtuvo la devolución de todos esos territorios.
Segunda confusión. El conflicto entre árabes y judíos no se originó en 1948. Es de vieja data y fue alimentado desde 1917 por el Imperio británico. «Divide y vencerás» fue una vez más la estrategia de Albion. Ya en 1920 hubo sangrientos incidentes entre bandas árabes y colonos que habían comprado a buen precio, tierras que «harían florecer el desierto». En 1929 todos los judíos que vivían en Hebrón fueron degollados por los árabes del lugar. En los años 30 desde Londres se permitió el accionar del Mufti de Jerusalem, alta autoridad islámica, partidario de Hitler y de las ideas raciales del nazismo.
No puede entonces decir don Leopoldo «que antes no pasaba nada». Es erróneo. Pasaba que el nacionalismo judío era enfrentado por un nacionalismo árabe que, a su vez, mediante corruptos monarcas feudales, era manejado desde Gran Bretaña, potencia ocupante del territorio después de la Primera Guerra Mundial.
La lucha de los judíos en 1946-47 contra esa potencia imperial, que después del Holocausto seguía negando la entrada de sobrevivientes al mandato británico, permitió que el problema fuese elevado a las Naciones Unidas. Ellas resolvieron en noviembre de 1947 que el territorio se dividiera en un estado judío y otro árabe. Como el único interés árabe era impedir que hubiese un estado judío se negaron a acatar la resolución, empezando de inmediato en ese mes de noviembre la lucha armada contra los judíos.
En mayo de 1948, en plena lucha contra la revuelta árabe, al abandonar los ingleses definitivamente ese territorio, surgió el Estado de Israel, en cumplimiento de la resolución de las Naciones Unidas.
Y llegamos a la tercera confusión. Influido vaya a saber por qué lecturas tendenciosas, don Leopoldo repite un eslogan de la propaganda árabe: Israel es una creación del imperialismo!! ¿Cómo puede serlo si su creación fue fruto de un levantamiento armado contra el imperialismo inglés? Si Occidente estaba detrás de esto ¿por qué la Unión Soviética, en plena guerra fría, apoyó entusiastamente la creación del Estado judío? Cuando el flamante estado israelí fue atacado por fuertes ejércitos armados por los ingleses en 1948 ¿por qué la comunista Checoeslovaquia le envió armas y municiones que permitieron sobrevivir a Israel? Si hay países «creados» o «inventados» por el imperialismo léase la historia de Jordania (antes Transjordania) separada arbitrariamente de la Palestina británica por la voluntad imperial de Winston Churchill o la de Irak, país «inventado» por Inglaterra para tener su petróleo y dar satisfacción al rey Hussein de Arabia, colocando a su hijo Feisal en el trono.
Para finalizar: recordar a Sabra y Chatila donde los asesinos fueron libaneses maronitas enemigos de los musulmanes, es de muy mal gusto si se omite mencionar la matanza de palestinos a manos de los jordanos del rey Hussein en setiembre de 1970, el asesinato de Sadat en 1981 por haber firmado un tratado de paz con Israel, la masacre de civiles sirios de Hama por el dictador Assad en 1982, la matanza de cristianos en el Sudán y el degüello de maestros, periodistas y civiles en Argelia, para no mencionar sino algunos casos de terror inhumano.
Los atentados terroristas de hoy día y las duras respuestas israelíes alejan cada vez más la paz de la región y favorecen a los grupos más radicalizados de ambos bandos. Realizar atentados antes de las elecciones en Israel del 28 de enero sólo sirven para consolidar a Sharon en el poder. ¿Eso es lo quieren Hamas, Arafat y sus secuaces? ¿Eso le sirve al pobre y sufrido pueblo palestino? Permítame mantener la ilusión de que sólo el diálogo, por más lejano que parezca hoy, permitirá restañar las heridas y comenzar el camino de la convivencia, único futuro que se merecen dos pueblos tan castigados por el dolor y la muerte. *
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