Globalización: civilización y barbarie

La prensa argentina ha publicado en estos días un breve y estremecedor ensayo del sociólogo francés Edgar Morin.

Se trata de un análisis sin medias tintas ni concesiones, contundente y claro y sin las hipocresías del lenguaje diplomático ni las oscuridades de la retórica de los eruditos.

«La humanidad –cree Morin– es actualmente incapaz de tratar sus problemas más vitales, empezando por el de la superviviencia. Es técnicamente capaz pero políticamente incapaz de eliminar el hambre en el mundo».

Largamente ligado a un compromiso vital con los valores del humanismo, de la racionalidad y la solidaridad, el pensador francés ha mostrado, más de una vez, su capacidad para examinar la compleja situación mundial y resumir en sentencias claras y netas sus conclusiones, como lo hace ahora en estas breves líneas que comentamos.

Dos dramas en desarrollo han movido a la reflexión de este viejo pensador y ensayista: el agravamiento y la extensión la guerra entre israelíes y palestinos y la inminente guerra en Irak. Ambos conflictos, sostiene, acrecentarán las olas de antijudaísmo y antiislamismo y se producirá un choque de barbaries denominado «choque de civilizaciones».

Situado en un espacio académico con buenos niveles de información y de gran dinamismo en materia de debates, Morin discute con las ideas que proponen reconocer lo inevitable de la catástrofe (mundial) para poder evitarla.

Cree, no obstante, que «todos los procesos actuales llevan a la catástrofe» y, a la vez, confía en «que la proximidad del peligro favorece las tomas de conciencia».

La persistente y absurda incapacidad humana para resolver algunos problemas para los que hay soluciones viables y posibles, como la cuestión del hambre, le merecen reflexiones agudas y severas.

La incapacidad de eliminar el hambre «alcanza hoy su punto culminante en la paradoja argentina, cuya producción alimentaria es cinco veces superior a las necesidades de la población, pero un gran número de niños sufre de desnutrición grave».

Una sucesión de constataciones acerca de la desesperanzadora situación del mundo actual lo llevan a apostar a «la aparición de fuerzas de transformación y regeneración».

Vinculado a los movimientos sociales contra la globalización, con una gran influencia y prestigio en el campo internacional, como se pudo constatar en la reunión del Foro Social Mundial en Porto Alegre, Edgar Morin no es un intelectual o un soñador que balconea impasible la marcha del mundo hacia la guerra y la destrucción.

Por el contrario. Se trata de un hombre con una manera de pensar y de sentir ligada a la acción militante, a la denuncia y la lucha. Desde esa tesitura se enfrenta a cualquier enfoque teórico que pueda conducir a la pasividad o el fatalismo.

Sus ensayos recientes, en los que se muestran las enormes dificultades existentes para superar los actuales niveles de riesgo en el campo planetario, no esbozan ninguna salida fácil. De ahí su rechazo a cualquier optimismo enceguecedor.

En el momento actual, concluye, «es necesario pasar por la desesperanza para recuperar la esperanza». *

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