El multiempleo en la enseñanza
Es ya un lugar común la afirmación de que el empleo junto con la caída del poder adquisitivo de los salarios, o sea la baja del salario real– es uno de los problemas que más angustian a los uruguayos y cuya solución asume un carácter prioritario para cualquier gobierno. Allí, y no en otro lado debemos buscar la causa que empuja a los jóvenes y no tan jóvenes uruguayos a emigrar en busca de estabilidad laboral y mejores remuneraciones.
Pero cuando se habla del problema del empleo no se hace referencia solamente a la falta de puestos de trabajo, es decir al desempleo, sino también a toda la situación del mundo laboral que exhibe fenómenos como el empleo precario, zafral o inestable, y además el multiempleo.
Junto con la creación de fuentes de trabajo, una de las medidas que suelen tomarse para abatir en parte un índice alto de desocupación consiste en tratar de eliminar las horas extraordinarias y en evitar el multiempleo. Es una manera de que aparezcan puestos de trabajo y de paliar la angustia de quienes están totalmente desocupados; y al mismo tiempo, evita una sobrecarga extenuante para el trabajador cuyo rendimiento, por otra parte, puede verse afectado.
Sin embargo, desde hace ya unos años hay una rama de actividad en la que el multiempleo es una constante. Nos referimos a la enseñanza, un sector particularmente sensible del quehacer nacional.
La tarea docente es especialmente delicada y desgastante tanto física como mentalmente y requiere, por tanto, que quien la ejerce esté en las mejores condiciones.
Por algo profesores y maestros gozan de vacaciones más extensas y más frecuentes que otras profesiones; no es un privilegio sino una necesidad.
Ahora bien, aceptado esto, resulta una flagrante contradicción que cada vez más docentes amplíen su carga horaria aceptando trabajos en doble turno en las escuelas o acumulando horas en liceos diversos, públicos y privados, muy por encima de ciertos topes razonables para preservar su salud. Ello conspira contra el bienestar de maestros y profesores así como contra la calidad de la educación que imparten, lo que redunda en perjuicio para los educandos.
Apostar a la educación consigna ampulosamente enunciada por los líderes políticos no debe limitarse a dotar a los institutos de enseñanza de computadoras. Debe atender también a la calidad de la educación y a la calidad de vida de los educadores, lo que significa invertir en mejoras salariales de modo tal que ningún docente se vea obligado a exceder una carga horaria racional. *
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