Cuando la fuerza sustituye a la razón

Tres noticias del campo internacional mueven a la reflexión. Y a la alarma.

Por un lado la reiteración de los anuncios efectuados desde Washington, con el apoyo del premier británico A. Blair, en los que se da cuenta de la movilización de efectivos de guerra en las inmediaciones de Irak.

La guerra, como una muerte anunciada, será para febrero, cualesquiera sean las respuestas de Sadam Hussein o las opiniones de los Estados que integran el Consejo de Seguridad de la ONU.

Por otro, la obstinación con que las autoridades norteamericanas se niegan a proporcionar a sus aliados de la Organización de las Naciones Unidas las supuestas pruebas que incriminarían al régimen de Bagdad ante la comunidad internacional, haciéndolo legítimamente pasible de sanciones militares.

La tercera noticia proviene también de los Estados Unidos. Se trata del anuncio efectuado por la CIA de, nada más ni nada menos, la ampliación del número de países que, según la agencia, formarían parte del «eje del mal».

De acuerdo con el documento enviado al Congreso, a Irak, Irán y Corea del Norte habría que agregar a Libia, Siria y «probablemente» Sudán.

De un modo u otro estos tres países estarían también procurando dotarse de armas de destrucción masiva, del tipo, digamos, que los Estados Unidos han diseminado urbi et orbi, con sus aliados o, más bien, con algunos Estados mientras fueron sus aliados, como ocurrió con Irak o con el propio Osana bin Laden.

Se amplía pues la lista de los países sospechosos, de las naciones en cuarentena, de los enemigos potenciales.

Pero, en tanto, ¿en qué estado está la verificación de la existencia o no, en Irak, de las armas denunciadas por la diplomacia norteamericana?

Hasta el momento, la labor de inspección llevada adelante por el equipo de expertos dirigidos por el sueco Hans Blix está lejos de haber producido resultados de tal claridad y contundencia que justifiquen una intervención militar.

En este contexto ha llamado la atención de la opinión pública europea la nota dirigida a los ministros de relaciones exteriores de los catorce países integrantes del Consejo de Seguridad por la parte de la ministra de Relaciones Exteriores de Francia.

La diplomática, empleando una incuestionable lógica cartesiana, ha dicho que el gobierno de Irak debe cooperar con el desarrollo de la inspección que lleva a cabo la ONU.

A la vez, en una evidente alusión a la actitud norteamericana, señaló que toda la ONU debe sostener la labor de la misión de inspectores en Irak «aportando toda la información disponible a efectos de apreciar la realidad de los hechos».

La elección de una vía política para solucionar los diferendos y el respeto por la legalidad internacional así lo exige, según sostiene en su nota Dominique de Villepin, la canciller de Francia.

La lógica por la que las grandes potencias «atlánticas», los EEUU y el Reino Unido, conducen la política mundial no puede ser más inaceptable. La racionalidad brilla por su ausencia. Se vive en el reino de los hechos consumados y la razón de la fuerza.

La ampliación «a piacere» de los países que integran la lista de «los enemigos de los Estados Unidos» lleva al paroxismo ese clima de prepotencia y arbitrariedad.

Tomar distancia de la demencial carrera belicista de Bush y sus aliados parece ser un postulado fundamental para los gobiernos de la región, línea de pensamiento en la que no parece inscribirse la política exterior de este gobierno, implementada por el ministro Opperti. *

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