Física cuántica
La física cuántica dice que el universo apareció de la nada, creció y adquirió grandes energías a expensas del campo gravitatorio original. Y da por seguro que acabará frenando su expansión, se detendrá, se contraerá y, al volver a su minúsculo tamaño inicial, se lo tragará la misma nada de la que nació.
Pero, qué pena, lector, nada ha dicho acerca de si ese proceso podría darse a una escala menor, digamos entre nosotros y, más precisamente, en algunas áreas de esta economía en jirones que padecemos.
Es una macana, porque sería un modo muy plausible de explicar lo que está ocurriendo, por ejemplo, en la industria automotriz y en las vendedoras de vehículos.
Hasta hace poco trabajaban con pujanza, daban abundante empleo y aportaban al fisco. Hoy piden agua por señas, al borde del colapso. El negocio de fabricar partes languidece y vender un auto se asemeja a la versión que los guionistas están imaginando para «Misión imposible 3″: no hay estiramiento de la financiación en dólares ni conversión a pesos que valgan; la mayoría usa el ómnibus, apela a la bicicleta o camina y quien tiene un coche delira por venderlo a la décima parte de lo que le costó. El mercado se ha reducido a esos que exhiben una extraña capacidad anfibia frente a cualquier crisis; pero, claro, ¿cuántos son? ¿Cincuenta, sesenta familias? Bueno, tal vez algunas más, pero qué importa.
No hay dinero ni créditos, crece el desempleo y el consumo se ha reducido a lo elemental, por culpa, sobre todo, del Estado comilón, que engulle nuestros restos para ir a depositarlos en la boca insaciable de los prestamistas.
El cuarenta y siete por ciento del valor de un vehículo es carga impositiva. Ese porcentaje, en Argentina y Brasil, vecinos y amantes, baja a la mitad.
Así, ni Mandrake. Es sencillamente imposible.
Entonces, si quiero salvar la moral de los gobernantes –porque de tan piadoso soy un nabo– y no me convence la devaluación de Brasil, la aftosa ni la crisis argentina, ¿me queda otra que la física cuántica?
Aló, ¿Stephen Hawking…? ¿Sí? Aquí, el nabo… *
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