El infierno en la cárcel
Se informó ayer que un recluso fue víctima de una violación por parte de otros reclusos, y que la Justicia había decretado el procesamiento de los responsables.
La noticia tiene relevancia por cuanto es la primera vez que se admite oficialmente la existencia de ese tipo de prácticas aberrantes entre la población carcelaria, se investiga el hecho, se informa de él y se da intervención a la Justicia. Es sin duda un paso importante hacia la transparencia de un sistema penitenciario cuyos horrores sólo trascienden cuando estalla algún motín de consecuencias trágicas.
El hacinamiento y la promiscuidad son –con raras excepciones– la constante en la realidad que viven aquellos que han infringido la ley y que han sido castigados con la privación de su libertad.
Los establecimientos de reclusión han desvirtuado por completo el fin para el que se crearon (la profilaxis del delito y la rehabilitación del delincuente) y se han convertido en meros depósitos de infractores.
Muy lejos estamos del noble propósito enunciado en el precepto constitucional que exige que las cárceles no sirvan para mortificar a los reclusos. La realidad –y no sólo la uruguaya, que en todo el mundo la situación es parecida– indica lo contrario: capacidad locativa desbordada, malas condiciones materiales, desarrollo de todo tipo de prácticas delictivas, mafias que actúan impunemente merced a la connivencia de algunos funcionarios venales. Todo ello no sólo conspira contra la función de preparar al recluso para su reinserción social, sino que además propende a transformar las cárceles en escuelas de delincuencia.
Entre los vicios más frecuentes desde hace mucho tiempo, está el abuso sexual entre los reclusos, algo que –como queda dicho al principio– nunca se había reconocido oficialmente. Pero siempre a través de rumores y de versiones inverificables, se ha sabido que cualquier persona que ingresa a un establecimiento de reclusión corre el riesgo de ser sometido sexualmente por sus compañeros de presidio, ante la pasividad o permisividad de los funcionarios encargados del orden.
Esperemos que esta denuncia y posterior investigación y pase a la Justicia sea el comienzo de una corrección de los vicios señalados y que se erradiquen definitivamente todas las prácticas que conspiran contra el objetivo que persiguen las cárceles. *
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