¿Turismo?
Si hace 4.000 millones de años no hubiese comenzado en la Tierra el período de «evolución química», no habrían aparecido las primeras moléculas orgánicas, semejantes a virus, que luego pudieron convertirse en células.
Aquel lapso primordial permitió más tarde, unos 1.000 millones de años después, que surgieran las cianobacterias, ya capaces de fotosíntesis, y posteriormente las bacterias, lisas y llanas, que usaron el oxígeno desarrollado en el planeta e iniciaron, de forma definitiva, el proceso de la vida. Un proceso que abarcó a las células procarióticas y eucarióticas, los poríferos, los celentéreos, los artrópodos, los trilobites, los anélidos, los cordados y etcéteras, hasta desembocar en los mamíferos y toda su descendencia.
Ahora uno sabe que aquella «evolución química», causada a su vez por unas complejas reacciones ocurridas en la Tierra, vinculadas a la condición «inflacionaria» del universo, es decir a su expansión en caliente, y que no viene al caso describir ahora –entre otras cosas porque me acusarían de atentado violento a la paciencia ajena–, somos lo que somos y estamos donde estamos. Dicho de otro modo, para que hoy yo escriba todo esto a riesgo de su hartazgo, lector, han sido necesarios unos acontecimientos sustantivos a partir de un punto original.
Cada vez que los administradores públicos y los operadores privados hablan del turismo como opción para salvar a la economía nacional, yo pienso, inexorablemente, en lo que acabo de describir.
¿Acaso he enloquecido? Creo que no. ¿Entonces?
Ocurre que no es posible ninguna industria turística seria, similar a la que existe, si uso un ejemplo culturalmente cercano y de tamaño parecido, en las Islas Canarias, debido a que no ha habido aquí, todavía, la «evolución química» original.
O sea, una política de Estado que aleje a esta actividad nacional de la improvisación, las contradicciones, los espasmos de voluntariedad tan caros al carácter vernáculo y, sobre todo, de la cultura que incita a «hacer plata este año porque el que viene nos vamos al carajo». *
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