Venezuela
La obsecuencia y alcahuetería de nuestro «divertido» gobierno con los EEUU raya en la exageración del ridículo. Sin recato y mínimo pudor, a las 24 horas que los yankis organizadores del fallido golpe de Estado del 11 de abril, «aconsejan» realizar elecciones anticipadas –que constitucionalmente en la actual Carta Magna venezolana recién aprobada, se permiten en agosto de 2003–, nosotros también, con toda «originalidad», recomendamos lo mismo. Nuestro Parlamento votó por unanimidad respaldar la constitucionalidad y permanencia del gobierno de Chávez, electo libremente por el pueblo, por si fuese poco. Incluso la OEA respalda plenamente la institucionalidad democrática, rechazando cualquier intento de golpe de Estado. Todo esto es público y notorio. Pero el gobierno batllista colorado, fiel a sus tradiciones pro imperiales en aras de mantenerse en el poder, desvirtúa, miente y obedece el «chicotazo» del látigo yanki a costa, incluso, no ya de la dignidad nacional, que ni Batlle ni Opertti han defendido ni defenderán simplemente porque la desconocen, sino también la integridad de una república hermana a la que hay que respetar y defender evitando intervenciones y presiones foráneas que mañana pueden repercutir en el resto del continente. El «divertido» don Jorge y su vanidoso aristócrata canciller no pueden gobernar Uruguay, al que han sumido en un «default» total sin antecedentes históricos parecidos, y se meten a opinar sobre Venezuela queriendo solucionar situaciones que no viven ni les interesan, más allá de hacer «buena letra» con el rubio del norte, las que son absolutamente diferentes y complejas. Nosotros estamos fundidos por incapacidad gubernamental al carecer de planes, imaginación e ideas para enfrentar determinadas crisis que se han dado y no se previeron. La única solución fue vender el alma a Bush y sus organismos internacionales con préstamos leoninos, de los cuales nuestros bisnietos no podrán pagar ni los intereses.
Claro, semejante solución implica comprometerse en votar y apoyar todo lo que al sheriff Bush se le ocurra de aquí en más.
Venezuela es el caso de hoy. Mañana justificaremos la masacre que se prepara en Irak y después, por supuesto, en la hermana Colombia. O sea, lo importante fue «bajarse los lienzos» la primera vez dejando las partes «pudendas» al natural. Después tanto da. Es lo que acaba de hacer el canciller Opertti y su mandante don Jorge que en su política internacional, entre otros «asertos», opinó que los argentinos son todos ladrones.
La situación dada en Venezuela es diferente. Allí está en juego el petróleo y una reforma agraria que entraría a legalizarse a partir del 1º de enero. En buen romance, una ley de tierras sobre latifundios improductivos, terrenos suburbanos baldíos y especulaciones inmobiliarias. Por ahí, algo parecido a lo que Wilson en «Nuestro Compromiso con Ud.» propuso en su momento y que los colorados y don Jorge, más joven obviamente, se oponían frenéticamente. Admitamos que son coherentes. Siguen siendo groseramente reaccionarios y oligarcas como entonces. Y además, entra en vigencia otra ley que limita los recursos de Pdvsa, una de las cuatro empresas más poderosas del mundo petrolero. Esta ley recupera para el Estado venezolano estos recursos que hoy apenas llegan a un 20% fagocitándose el 80% la oligarquía del oro negro. ¡Qué canalla Chávez! ¡Quiere el petróleo para Venezuela y no para los yankis y sus amigotes! ¡Todo un comunista representante del mal sobre el bien! Según Bush, claro.
Explicarles y pretender que entiendan esto don Jorge y el aristócrata oligarcón de Opertti, es perder el tiempo.
La unidad continental programática en defensa de las soberanías y riquezas nacionales contra la voracidad de la «bestia» imperial es una necesidad y obligatoriedad futura de sobrevivencia.
Hoy Chávez es la suficiente América. La real y explotada. La que sigue alimentando poderosos imperios a costa del hambre y dolor de sus hijos. Los indios, los arrieros, los llaneros, los gauchos, los sin tierras, los zapatistas, los aymaras, etcétera, son los verdaderos dueños del continente que padecen gobiernos como el nuestro. Entreguistas de nuestras dignidades nacionales, sin el más mínimo espíritu libertario. ¡O hay patria para todos o no habrá patria para naides! No lo dije yo. ¡Lo dijo Saravia, que tenía razón! *
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