El nuevo tiempo de la izquierda

Lula fue elegido presidente de Brasil con más de 52 millones de votos, lo que parece increíble. ¿Cómo un mecánico tornero, fundador de un partido que en su carta de principios defiende el socialismo, llegó al gobierno por el voto popular?

La llegada de Lula a la presidencia, ¿representa a la izquierda en el gobierno?, se pregunta Frei Betto, respondiéndose: Algunos dicen que no, pues, según ellos, Lula sólo fue elegido gracias al abandono de su discurso ideológico, al maquillaje de los asesores de marketing, al corrimiento político de la izquierda hacia el centro (o hacia la socialdemocracia). Según otros, Lula imitó al camaleón, disfrazando de verdeamarillo su color rojo. Una vez elegido, cambiaría la paz y el amor por el enfrentamiento con las fuerzas retrógradas del país.

¿Cambiaron los brasileños o cambió Lula?, preguntaba Machado de Assis. Cambiaron ambos. Con excepción de los militantes del PSTU y del PCO, ninguna otra instancia de la izquierda brasileña se opuso al candidato Lula. Y no hay duda de que los electores de esos dos pequeños partidos han dado su voto en la segunda vuelta.

Pero eso significa que el conjunto de la izquierda brasileña, salvo los reductos citados, apoyó o participó en la elección de Lula. En tal sentido, su elección es una victoria de la izquierda. Izquierda de acuerdo a las definiciones de Norberto Bobbio, quien considera posicionados en la izquierda a los que miran como una aberración la desigualdad social (pues según el científico italiano, la derecha la ve como fruto del orden natural de las cosas o, según otros, contingencias del mercado).

Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, es la primera vez que la estrella, símbolo de la izquierda –presente en las banderas de China y de Cuba (y también del PT) y en la boina del Che–, hace una curva ascendente.

¿Qué significa ser de izquierda hoy? Antes significaba profesar un catálogo de doctrinas basadas en las teorías de Marx y Engels, según las hermenéuticas de Lenin, Trotsky, Stalin o Mao Tse Tung. Terminado el Muro de Berlín, se vivió algo semejante a un grupo de cardenales que al morir descubren que no hay ni Dios ni cielo: teóricos de partido se adhirieron a los nuevos tiempos neoliberales y fueron rarísimos los militantes que se escondieron en trincheras para reiniciar la lucha por el socialismo.

Y menos aún los que se aliaron con los pobres, las grandes víctimas de la desaparición del socialismo real. En resumen, ¿qué diablos de hombre y mujer nuevos eran aquellos que, ante la conmoción del sistema, no llevaban en sí convicciones, valores subjetivos, capaces de mantener encendida la vocación revolucionaria?

Lula es fruto del objeto de la izquierda: la clase trabajadora. Si alguien recuerda la fundación del PT, deberá tener presente las actitudes de políticos afiliados a los partidos de izquierda que se pusieron furiosos ante la petulancia de un obrero que se negaba a ingresar a los partidos que representaban los intereses de las clases trabajadoras y con gesto osado creaba lo que nadie todavía había pensado: un partido de los trabajadores.

Enfocar a Lula desde la óptica ideológica, antes de fijarse en su extracción social, es invertir los términos de la ecuación política. Sin embargo, Lula no es resultado de sí mismo, sino de un movimiento social construido durante 40 años (1962-2002), en el que las teorías de Marx tuvieron menos importancia que la pedagogía de Paulo Freire. Lula es fruto de las CEB y de la Teología de la Liberación, de la izquierda que enfrentó a la dictadura y de las oposiciones sindicales, de la CUT y del MST, del agravamiento de la crisis social brasileña y de la actual globocolonización. Lula es lo que queda de la izquierda orgánica después de la caída del Muro de Berlín. Ahora sube la estrella. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje