Criminalidad de las corporaciones

José Comblain es un teólogo belga radicado durante mucho tiempo en Brasil. En tiempos de la dictadura militar, Comblain fue expulsado de Brasil. Vivió luego un largo tiempo en Chile, donde ejerció la docencia universitaria y publicó numerosas obras.

A mediados de los años setenta, el teólogo belga fue uno de los primeros en sistematizar los conocimientos que entonces se tenían acerca de la doctrina de la Seguridad Nacional, a través de una obra que tuvo por entonces una gran difusión y una extraordinaria influencia. Comblain había captado lo nuevo que contenía aquella doctrina que ordenaba teóricamente el accionar de los militares en el poder en Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil.

Sus concepciones cristianas, fuertemente emparentadas con las de Dom Helder Cámara y las de la Iglesia brasileña más comprometida con los destinos de los pobres, sustentadas y desarrolladas a lo largo de su fecunda vida le han dado a su palabra un aplomo singular y un prestigio indudable.

Autor de alrededor de sesenta libros sobre cuestiones religiosas y sobre todo acerca de la situación de las clases populares latinoamericanas, Comblain escribe desde la serena cátedra de una larga existencia de prácticas cristianas y lúcidas reflexiones sociológicas e históricas acerca de las modernas sociedades occidentales, especialmente las menos desarrolladas.

En estos días, la Agencia Latinoamericana de Información, con sede en Quito, acaba de difundir los términos de una conferencia de José Comblain que sintetiza su visión del singular momento que vive nuestro continente latinoamericano.

El documento que se ha difundido revela un pensamiento firme, descarnado, donde no hay lugar para las concesiones, para el «relativismo» fácil, para el optimismo ramplón que apaga el razonamiento y enerva el espíritu crítico.

Desde su larga experiencia, el teólogo belga llama a las cosas por su nombre. Y el tenor de su discurso, despojado y sin demagogias, nos sorprende. No está de moda este tipo de prosa sin ilusiones ni maquillajes. Construyendo su reflexión desde adentro de la Iglesia Católica, el teólogo belga condena al Opus Dei y a las demás expresiones eclesiásticas que evidencian la íntima asociación entre la Iglesia y la burguesía neoliberal. Cree que la Iglesia acepta el modelo dominante y que «los derechos humanos pertenecen a los viejos muebles ideológicos que se invocan en los días de los grandes discursos, pero no tienen vigencia en la vida seria» de los altos dignatarios de la Iglesia.

La teología actual «ofrece una ideología abstracta que deja a todos indiferentes. Esta teología no tiene ningún influjo en la sociedad».

Cree que el cristianismo no parte de un concepto abstracto, general y universal del ser humano. Parte de la realidad vivida de todos los días. La realidad concreta no muestra a todos los hombres iguales, libres y propietarios. Ya antes de nacer son desiguales porque de su madre tienen o no tienen buena salud, buenos alimentos, buenas condiciones de vida.

«Cuando nace, el recién nacido luego descubre que sus papás levantan la cabeza o inclinan la cabeza. Aprende a hacer lo mismo. En realidad la humanidad está dividida entre opresores y oprimidos… Los derechos humanos son los derechos de los pobres. Lo que los poderosos llaman sus derechos, son sus privilegios y la legitimación de la dominación que ejercen».

Después de pasar revista a las nuevas condiciones que en el mundo han creado las actitudes asumidas recientemente por el gobierno de los Estados Unidos, como ser «el derecho a la guerra preventiva en cualquier lugar del mundo» en su lucha contra el terrorismo, Comblain analiza la evolución reciente del capitalismo en el mundo y especialmente en la gran potencia para denunciar cómo la criminalidad está instalada en medio de las grandes corporaciones.

Gran parte de la situación actual, cree, se debe a las derrotas que sufrieron los movimientos populares y el extraordinario poder que ha ido acumulando la burguesía. Para ésta, dice «la libertad es la libertad de ganar dinero, por todos los medios sin límite». *

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