La cruda realidad
No hay un modelo agotado, sino un sojuzgamiento al imperio, que procede igual que los mafiosos: P o P plata o plomo. Primero ofrece préstamos con los cuales aherroja a los pueblos, a condición de que acepten todas sus condiciones, pero si no se aceptan, aparecen el bloqueo, la amenaza y las bombas. Así le ha sucedido a todos los pueblos que se han resistido a este nuevo imperio romano.
«Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago». Esa es la práctica de George Bush. Si hay crisis nos aconseja a nosotros ahorrar, pero EEUU se lanza a gastar, como lo aconsejaba John Maynard Keynes. Bush no debe saber quién era, pero aplica sus teorías, haciendo un impresionante gasto en armamento y moviendo la economía.
Ustedes deben abrir su mercado a nuestros productos, nos dicen, eliminando aranceles y consagrando la libertad de comercio, pero EEUU y Europa no sólo tienen aranceles altos, sino que además subsidian sus exportaciones en cantidades asombrosas, y no sólo no nos compran, sino que se lanzan al mundo a competir con nuestros productos agrícolas.
Los organismos financieros internacionales se han convertido en una nueva y poderosa arma de sujeción. Están todos en Washington y muy cerca del Departamento del Tesoro de EEUU, que es el que da todas las directivas. En el FMI EEUU tiene sólo el 20% del capital, pero es el que manda, porque en el Banco Mundial tiene el 51%. Y hay más. De los préstamos que nos conceden, sólo el 20% llega a sus destinatarios, como ha explicado el ministro de Obras Públicas, ingeniero Cáceres, refiriéndose al que se concedió para los asentamientos.
¿En qué se gasta el 80% restante? En sesudos asesoramientos e informes de funcionarios internacionales y nacionales, que se llevan la parte del león. Pero quien paga es el pueblo uruguayo, condenado a esta terrible coyunda.
Y los gobiernos últimos han contratado préstamos hasta que se derrame, sobre todo los dos de Sanguinetti, aplicando la vieja fórmula de Luis XV: «Después de mí el diluvio» o la máxima criolla: «El que venga después, que arree». Porque la renovación periódica de los gobiernos tiene eso: se gasta mucho más en el período preelectoral y se contratan muchos más funcionarios, como los famosos contratos de obra o los enormes gastos de las Intendencias para comprar con cargos el voto del otro partido tradicional.
Los préstamos tienen además tremendas condiciones. A comienzos de los noventa el BID necesitaba dinero para prestar y recurrió a capitales privados, alemanes sobre todo. La condición fue que el capital del BID, cuyo 54% era de los Bancos Centrales, pasara a ser de 50%, y que el 46% de la banca privada se aumentara al 50%. Así el capital privado pasó a mandar y por eso hubo tantos préstamos desde entonces.
A partir de ahí, los privados impusieron sus condiciones. La primera fue que los aportes a la Seguridad Social pasaran a ser administrados por los privados, cobrando unas comisiones de cerca de 20%. La ley de 1995 les significó a los privados tener hoy un capital de más de 1.000 millones de dólares, que los bancos usan para sus fines.
Hoy nuestros acreedores van prestando para que les paguemos los servicios de la deuda, pero como saben que eso no puede durar, se lanzan a exigirnos la entrega de nuestros bienes: las telecomunicaciones, Ancap, pronto serán los transportes, porque como lo dice el Código de Comercio, cuando el deudor no puede pagar, hay que ejecutarlo y quedarse con sus bienes.
Y lo peor es que ellos pasan a dirigir nuestra política económica y nos imponen que no devaluemos para poder vender en el exterior nuestros productos a mejor precio, porque saben que cuanto más se aleje el tipo cambiario de la realidad económica, mayores serán sus ganancias el día que no haya más remedio que devaluar. Y cuanto mayor sea el riesgo, mayor será también la diferencia de los intereses entre el peso y el dólar, muy altos los del peso y más bajos los del dólar, con lo cual la mayor parte de los préstamos serán en dólares, y la economía estará más dolarizada. Hoy en Argentina y Uruguay la dolarización es del 95% mientras que en Brasil es del 40%. Brasil pudo devaluar sin grandes problemas, Argentina estaba en un gran lío y Uruguay la tenía muy difícil, porque si no aumentaba el ritmo devaluatorio estaría cada vez más lejos de los precios de Brasil y de Argentina, que ya devaluaron, no podríamos competir en el exterior y el gran contrabando estaría de parabienes, y si lo disminuía, el Banco Central se iría comiendo sus reservas para mantener el precio del dólar, mientras el gobierno seguía endeudándose con el FMI y emitiendo más y más deuda pública.
Joseph Stiglitz, ex economista jefe del Banco Mundial (ver Brecha del 19/abril/02, pág. VI), explica su dura política para la dominación de los pueblos a base de préstamos y toda clase de imposiciones, con ejemplos como la privatización de Rusia en 1995 o la estafa a Etiopía, que tuvo que colocar el dinero de la «ayuda» en una cuenta de reserva en el Tesoro de EEUU al 4% de interés, mientras tenía que pagar el préstamo al 12%.
¿Hubo alguna nación que se salvó de semejante destino? Sí, dijo Stiglitz, fue Botswana, que «ordenó al FMI hacer las valijas e irse». Porque la gran solución a la pobreza y la crisis es simple: «saquen a los chupasangres».
¿Seremos capaces alguna vez de seguir pagando las deudas pero no solicitar ni un préstamo más a estos organismos internacionales? Difícil ¿no? *
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