Varios capítulos en blanco

La desazón de los empresarios que el viernes se hicieron presentes en Punta Cala, para escuchar el equipo económico, era previsible. Ya en el país todos los medianamente informados sabían que el objetivo del gobierno del doctor Jorge Batlle y de su equipo económico, no es invertir la línea descendente de la economía del país, sino por el contrario, es acentuar la recesión con su correlato de marginación y el acrecentamiento de los problemas sociales (desocupación, miseria, deterioro de los índices básicos de nivel de vida, de salud, etc.).

Una línea económica que tiene como objetivo central pagar puntualmente los vencimientos de la deuda externa (el propio presidente del Banco Central aseguró que en el correr del año se pagaron por ese concepto más de mil millones de dólares, cifra en que no se puso de acuerdo con el ministro de Economía, que habló de 600) y, en segundo plano, dejar que la banca extranjera instalada siga succionando la riqueza nacional hacia sus casas matrices instaladas en los países del primer mundo.

Todo lo demás es puro cuento. Los empresarios ilusionados creían que el equipo económico haría anuncios sobre el funcionamiento del crédito, elemento imprescindible para el desarrollo nacional. Pero en ese capítulo el equipo económico no escribió ninguna línea, indicando que el país viene de una situación compulsiva donde todavía hay cosas que se están acomodando, sosteniendo que una evolución a la baja de las tasas de interés dependerá que se afiance la percepción de estabilidad que se viene verificando.

Nada se dijo de cómo evitar el trasiego de dólares al exterior que siguen siendo aspirados por la banca extranjera, en el marco de una actividad financiera que muestra la atroz falencia del Banco Central que, no quiere ni se anima, a poner coto a uno de los problemas más graves que tiene hoy el país.

Para Atchugarry el gobierno debe continuar, «con imaginación», buscando una administración inteligente de la deuda, de la misma manera que hacia el interior del país, buscando una administración inteligente de ahorristas, acreedores y deudores. «Siempre que cumplamos una línea básica hacia adentro y hacia fuera, porque no puede haber una doble moral».

Son las palabras, relativamente bien hilvanadas de un político, para intentar modificar la realidad. Porque todos los uruguayos sabemos que el tratamiento de la deuda externa no ha tenido un mínimo paralelismo con las obligaciones que tiene el gobierno hacia sus connacionales, sean éstos proveedores del Estado, ahorristas en bancos suspendidos o del Estado y de productores y empresarios endeudados, a quienes no se les ha propuesto ninguna solución. Sin embargo con el exterior la cosa es distinta, se paga puntualmente y, además, se trata de aventar todo tipo de posible negociación con los acreedores (FMI, Banco Mundial, BID, etc.), que tendría el objetivo de acordar una reprogramación de vencimientos para que se puedan destinar fondos a la reactivación.

Sin duda, hay capítulos todavía en blanco en el sainete de la economía del país. Pero, es evidente, que quienes están sobre el escenario, con su lenguaje poco claro, contradictorio y abstruso, no tienen ni siquiera la imaginación para intentar un mero borrador de ideas. No saben cómo lograr que se reabra el crédito, llevando los intereses a los niveles adecuados para nuestra realidad económica. Tampoco entienden que ellos mismos, quienes tienen en sus manos por decisión política los bancos estatales, son los responsables de que la gente prefiera colocar su dinero en otras ventanillas o mantenerlo en «el colchón». Para qué hacerlo, si los intereses pasivos son absurdos en relación con los activos y el dinero colocado, como ha pasado reiteradamente por decisión política, sale por otra ventanilla para favorecer a algún señor que lo usa a su libre albedrío y, además, cuando no cumple con los plazos de devolución reclama refinanciaciones. *

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