Actitudes de un ministro sin respaldo
La jornada senatorial de interpelación al Ministro de Salud Pública, Alfonso Varela, dejó en la opinión pública un sabor amargo, la extendida sensación de un integrante del Poder Ejecutivo que no le otorga al Senado de la República la importancia que la Constitución y el sistema político le confiere.
Se podría decir que, con sus actitudes infantiles y descomedidas, el ministro ha subestimado la importancia institucional y política del Senado y de la interpelación llevada adelante por la legisladora socialista Mónica Xavier.
Tal como lo registra la crónica de LA REPUBLICA, fue un senador del Partido Nacional, Carlos Julio Pereira, el fogueado dirigente del Movimiento Nacional de Rocha, quien con contundencia señaló lo inapropiado e inconveniente de la actitud asumida por Alfonso Varela. Y reclamó, como correspondía, el debido respeto a la institución parlamentaria.
Si hay zona de los problemas nacionales que no admite andarse por las ramas es la salud pública. Más aún, la gestión del propio ministerio tiene efectos no sólo en la conducción de las dependencias oficiales del MSP, sino también en la estabilidad de un extendido sistema de salud mutual que se encuentra en una situación particularmente delicada.
La situación de esa totalidad de problemas –con puntos tan dramáticos como la situación de Instituto de Oncología, o la reciente huelga de los médicos contratados, o la emergencia del Hospital de Clínicas– merece un tratamiento transparente, meditado y en diálogo con el sistema político, que no es sino el intercambio con la opinión pública.
Se equivoca profundamente el ministro cuando parece ignorar al demos sanitario que aguarda explicaciones, propuestas y datos que debieron trasmitirse y analizarse en el debate en el Senado que acaba de malograrse.
Paradójicamente, el mismo gobierno que reclama de las fuerzas políticas de izquierda y progresistas su apoyo para sacar adelante la ley de bancos, preocupado por la imagen de un amplio apoyo político al proyecto de creación del Nuevo Banco Comercial, en el mismo día y a la misma hora, pero en otra sala del Palacio Legislativo, se permite la falta de delicadeza de enviar las respuestas a las preguntas de la senadora interpelante a los legisladores de los demás partidos, ignorando a los doce representantes en la Cámara Alta de las fuerzas progresistas.
No es así como se consigue un funcionamiento adecuado de las relaciones entre los poderes del Estado.
Al despreciar a los senadores de la fuerza política mayoritaria, se está subestimando la naturaleza institucional del Senado de la República. Y al quehacer de los partidos que allí están representados.
Más allá de que el señor ministro, hombre con muy limitada experiencia política, no haya medido el alcance de su gestualidad, la actitud asumida por el representante del Poder Ejecutivo comporta objetivamente un desprecio por las instituciones esenciales de la democracia: el Parlamento y su papel de contralor sobre la administración, los partidos como instrumentos en la formación de las corrientes de opinión y como expresión democrática de la ciudadanía.
No sería de extrañar que este señor ministro estuviera transitando los primeros pasos de su colega Alberto Bensión que, también totalmente falto de «carpeta» política, equivocadamente entendió que el hecho de que faltaran votos para la censura había querido decir que él y su gestión tenían el respaldo del Senado. *
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