Expresión de deseos
Ayer el gobierno hizo públicas sus previsiones económicas para el año 2003. Durante varias horas el equipo económico manejó cifras, y con un léxico tecnocrático (el lenguaje utilizado en las reuniones que se realizan a nivel de los organismos internacionales de crédito), dio a conocer sus expresiones de deseo, afirmando que la inflación en el 2003 estará entre el 24 y 30 por ciento (el 27%, según el presidente del Banco Central), que la devaluación tendrá un comportamiento paralelo, que los agregados monetarios serán del 16% y que el déficit fiscal estará en una cifra alrededor del 1,5% del PBI.
Para lograr ello, dijeron los integrantes del equipo económico, se acentuará el control de los gastos estatales, midiéndose muy bien los componentes de actualización de partidas. Se sostuvo también que las cifras son «menos malas» que las que se preveían en julio, argumentándose con ello a favor de la actual administración que, al fin de año, ha logrado el récord de abatir el Producto Bruto Interno en 10 mil millones de dólares.
Según lo dicho por el ministro Alejandro Atchugarry, en marzo comenzará el carreteo del país hacia un «despegue», para el cual ninguno de los integrantes del equipo económico hizo pública una sola medida destinada a iniciar, por lo menos, esa tímida reactivación. Se habló de «las exportaciones productivas», como basamento de ese despegue y se sostuvo que el mercado brasileño ha levantado las restricciones para la carne uruguaya, pero no se dijo si los precios uruguayos son competitivos y si existen planes de negocios en marcha, ni nada de nada al respecto. En esto el equipo económico fue todo «expresión de deseos», indicando que los rubros que se integrarán a ese flujo exportación, son los «tradicionales». Con esa afirmación, de un solo plumazo, se dejó fuera a todos los sectores industriales cuyo desarrollo no es considerado como rubro exportador.
Lo que se mantuvo en la más estricta reserva fue, nuevamente, la principal variable de ajuste que utilizará el gobierno para contraer nuevamente la economía y soñar con reducir el déficit fiscal para, dólar a dólar, poder ir pagando los vencimiento de la deuda externa, que no se negociará en su conjunto ni se intentará reprogramar.
Esa variable, son los salarios de los empleados del Estado, que recibirán de incremento a partir del 1º de enero un 2,5 %, mientras para los jubilados se ha decidido que sea el 1%. Además se pretende modificar el mecanismo de actualización salarial, sustituyéndose al IPC por el índice del salario real. Insólito planteo que determinaría, en el caso actual, que los trabajadores del Estado debieran devolver dinero, puesto que ese índice es el que muestra de manera más evidente la creciente pobreza en que hemos caído los uruguayos.
Se busca por ese camino perverso de acrecentar la pobreza de la gente, realizar los ahorros sobre los que se sostengan los objetivos del gobierno. Lástima el camino elegido para ello, que seguramente será aplaudido por algunos economistas ortodoxos, alejados tanto de la realidad como de toda sensibilidad social y con una visión algo corta de cómo debe funcionar un país. Un país que no es del gobierno, ni del equipo económico, ni de los organismos internacionales de crédito, sino de la gente.
Lamentablemente el futuro es bastante oscuro y, obviamente, al gobierno no le funcionará el carreteo hacia el despegue que fijó para marzo, ni se reducirá el déficit fiscal al 1,5 del producto. Puede ser, porque la economía seguirá en contracción, que no se dispare la inflación y la misma se mantenga dentro de los límites fijados, y el dólar –ya que ha desaparecido la capacidad de ahorro de la mayoría de la población que se trasladaba a la compra de divisas– quede en los niveles previstos.
Todo lo demás, o sea la crisis, seguirá hundiendo al país. *
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