Colombia y los intelectuales
Un documento firmado por un grupo de intelectuales, entre ellos Carlos Fuentes, Ernesto Sábato, Isabel Allende, Adolfo Pérez Esquivel, Eli Wisel, Abuelas de Plaza de Mayo, Patricia Bullrich, Elizabeth Burgos, Costa Gavras, Régis Debray, Henri Datilleux, Jean Lacouture, Miguel Angel Estrella, los estadounidenses Kurt Vonnegut, Rose Styron y William Styron, dice el comunicado de AFP publicado en este matutino el 11 de diciembre pasado, exhorta a las FARC «y a otros grupos armados», a terminar con los secuestros y todo tipo de violencia contra los colombianos.
Nos llama la atención que nombren en primer lugar a las FARC, cuando en Colombia opera una organización paramilitar de extrema derecha ligada al (o expresión del) ejército colombiano, de la clase gobernante, de la derecha civil; cuando Colombia es un país ocupado o en vías de ocupación por el imperio.
Olvidan las guerras interminables en los partidos «democráticos» conservador y liberal que derramaron por más de un siglo la sangre colombiana, la miseria, el hambre, la desocupación, el analfabetismo, enfermedades endémicas de ese país.
Olvidan el «bogotazo» del 48 que fue una llamarada de protesta por el asesinato del líder popular Gaitán.
Olvidan los asesinatos de miles de dirigentes y militantes de Unión Patriótica cuando ésta se preparaba a producir un cambio profundo en la vida política colombiana.
Olvidan por supuesto que los Estados Unidos, con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla están instalados en la República de Colombia.
En este esquema se inserta el problema político de Colombia y no sólo en un ataque directo a las FARC, y sin nombrar a otros grupos guerrilleros y violentos de derecha a quienes les perdona la vida.
No somos partidarios de los secuestros, asesinatos u otras formas de violencia. Pero hay que decir las cosas como son: que el sistema político, social y económico está agotado. Que la famosa democracia al estilo de Washington está agotada. Que desde el Tercer Mundo, con todos sus horrores y errores, surge una ola de movilización social hacia los países ricos, como otrora ocurrió con los llamados Bárbaros y el Imperio Romano. Que hay protestas, transformaciones políticas que buscan liberar a sus pueblos del neoliberalismo, el mayor asesino de toda la historia.
Pero los señores intelectuales, sentados en el banquito de sus prestigios estéticos, sin comprometerse políticamente con ningún movimiento político, limpitos y puros, sólo acusan mientras se emborrachan con sus egos.
Ahí está Venezuela, tomada del pescuezo por las clases dueñas de la riqueza nacional, por los viejos partidos políticos podridos hasta la médula, por las dirigencias sindicales comprometidos con ellos, por los EEUU a través de la alimaña de la OEA. Digan algo señores:
Ahí está el señor Bush queriendo repartir la muerte masiva a pretexto de destruir supuestas armas de destrucción masiva. Digan algo señores. *
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