Carta abierta a Jorge Larrañaga

En términos generales los partidos políticos están en crisis. La gente ha dejado de creer en los «cenáculos» de doctores seudos intelectualoides cuyo fin es la repartija de posiciones y cargos bien remunerados sin importarles un comino lo que opinan y necesitan las poblaciones masivas despreciadas. Lo que no captan estos capitostes partidarios, es que el pueblo no es tonto. Anda y arde en la calle y sufre las consecuencias de una crisis que si bien nos quieren convencer, que viene de «afuera», cierto es que las ambiciones y mezquindades del staff político no les preocupa estas consecuencias para las cuales no hay ni hubo ideas, inventivas o imaginación para soluciones más allá de «acomodarse» ellos. No hay actos masivos, no hay clubes ni centros cívicos donde se expliquen líneas políticas u opciones que puedan brindar las distintas colectividades.

Y simplemente no las hay porque tampoco hay mucho que explicar que pueda entusiasmar a la ciudadanía por parte de la clase política. Esto es un axioma. Es obvio, que lo que pase a los demás es problema de ellos. A mí me preocupa las carencias de mi partido Blanco o lo que va quedando de él. La muerte prematura de Wilson, terminó con la última etapa ideológica partidaria. No fue grande sólo como caudillo o político, parlamentario o ministro, o como jefe partidario ocasional. Fue grande además por «Nuestro Compromiso con Usted», base programática que revolucionó el ambiente empobrecido y corrupto de la hora, llevando esperanzas ciertas a la gente descreída. Por él y sus ideas, peleábamos todos. había contenido ideológico. Hoy el partido batllistizado, con las coaliciones entre otras menudencias, está vacío de ideas y por qué no, hasta de conductas principistas elementales. En ese páramo, surge Alianza Nacional con una figura nueva que baja de la heroica, como algo distinto. Buenas administraciones departamentales, fuerza e iniciativas de recuperación del agro en una lucha desigual de opciones de su gente con el centralismo capitalino, inquietudes sociales con proyección de buscar soluciones a la enseñanza en estudiantes y maestros y un discurso en general de centro izquierda progresista bien inspirado en toda apariencia.

El último discurso de fin de año en un club del Prado, Larrañaga planteó entre otras cosas la necesidad de terminar con salidas económicas impuestas por organismos internacionales leoninos que dan solución de mañana y hambre y desolación a la tarde. Todos interpretamos la referencia al FMI, Banco Mundial, etc. O sea, las soluciones recientes batllistas. ¡Bien Jorge!

Hasta acá diez puntos. Podemos ser optimistas y empezar a visualizar la recuperación blanca. pero a fuer de sincero, aún no basta. Un candidato presidenciable debe tener además, proyección continental americana. no se vive en una isla precisamente. Sin perjuicio de otras, se me ocurre hay dos opciones inmediatas. O sea, seguir al Cuqui y a Jaime Mario su «fiel escudero Sancho», entregados a la internacional democristiana de Aznar y el mayor Oreja con quien se acaban de afiliar de «veedores» en un partido nacional (lo pongo de exprofeso con minúscula «refundado» según parece y comprometidos a la más recalcitrante línea fachista y ferozmente conservadora de Europa.

O volvemos a las raíces o nos jugamos con las líneas nacionalista y populares americanistas. Parafraseando a Zorrilla de San Martín, vate de la Patria, «hay que poner el oído en el corazón de América y aún se le oye latir». América Jorge, no es ni el Mayor Oreja, ni Aznar, ni el Sheriff Bush. América es el Lula brasileño de Los Sin tierra, es el indio Ivo Morales que surge de las entrañas de su patria boliviana; América es el Movimiento Pachakutik de los indios ecuatorianos de la Conaie y su Lucio Gutiérrez, del Comandante Marcos con sus también indios zapatistas de la selva lacandona inspirados en la legendaria figura de Emiliano Zapata (¡hay que estudiarlo!). Guste o no, es esencia de americanismo el Movimiento Bolivariano de Chávez defendiendo su petróleo venezolano de la voracidad yanqui. América es también el sandinismo contra el que hay que colacionarse para ganarle a su pueblo; y te agrego, aclarando como católico, que nunca fui ni seré marxista y por ende siempre discrepé con Fidel. Pero los tiempos han cambiado y hoy la hermana Cuba es un referente heroico nacional contra el imperio. ¡Vaya si lo será!

Por ende, lo prefiero del lado de acá, que embarcándonos en un macartismo trasnochado en defensa «del bien sobre el mal» que nadie sensato en el mundo ha autorizado al sheriff Bush. Sabemos para el lado que «rema» Cuqui y su fiel escudero «Sancho», admiradores del Oreja y de Aznar con su s «tal vez» razones materialistas.

No soy democristiano ni imperialista. Soy nacionalista. Sé por lo tanto a dónde voy con mi modesto «chinchorrito» en el proceloso mar americanista. Lo que aún no tengo definido, no he podido leer la «bitácora» correspondiente, donde va «hendir su quilla las aguas embravecidas» el buque de Alianza.

Si la idea que apoyo y me parece justa y merecida de proyectar tu candidatura presidenciable es el anotarse con las líneas nacionalistas americanas populares, apuntame aunque sea como modesto «grumete». Pero si es la «otra» que gobierna el «honorable» democristiano, en lo personal me «encajo» la boina, apago la luz de un «bastonazo», y me voy pa’las casas a tomar mate sintiendo al «Mago» en las horas pares. ¡Agur! Como dicen los vascos. *

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