La desigualdad creciente

Martes 24 de diciembre de 2002 | 4:57
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¿Cuál es la igualdad de los ciudadanos uruguayos? Sin duda que este es un tema analizar en profundidad porque, es evidente, que en nuestro país, desde toda su historia, existen los ciudadanos de primera, otros de segunda y, los demás, que pueden ir cuantificándose en otras categorías más indefinidas pero, cada una de ellas, más alejadas de la media ciudadana.

En esas diferenciaciones han jugado factores de diversa índole. Desde los políticos, recordemos lo ocurrido durante la dictadura con la categorización de las personas en tres andariveles, el de los “réprobos”, que no podían ni siquiera trabajar, los “marcados”, que si eran funcionarios públicos no podían ascender, y la de los “impolutos”, libres de toda sospecha por parte del régimen de facto. Ese extremo que aparece como brutal, igualmente de alguna manera se ha seguido cumpliendo en muchos niveles, diferenciándose a las personas por razones políticas, sociales, de sexo o raciales. ¿Alguien podría negar que esto es así?

Los ejemplos que podríamos citar son contundentes y muchos de ellos se han ido modificando con el devenir de los tiempos. ¿Existen o no diferencias entre los banqueros y los ahorristas de bancos privados u oficiales? ¿Es igual, acaso, la situación de los trabajadores de la administración central con la que usufructúan quienes tienen relación laboral con empresas públicas o bancos? ¿Es igual la situación de profesionales y técnicos vinculados al gobierno, vía contratos de obra y servicios, que quienes deben impartir enseñanza y además realizar investigación a nivel de la Universidad de la República? ¿Conocemos a oficiales de las fuerzas armadas que sean de color? ¿En este país no es evidente, acaso, la discriminación que se realiza con las personas que tienen una definición sexual distinta a la presuntamente “normal”?

Una evidencia de esa discriminación surge con claridad del comparativo de sueldos que el propio presidente Batlle hizo publicar en la página Web del Poder Ejecutivo, sobre lo que no se ha hecho nada.

Podríamos hablar de las cárceles, verdadero depósito de seres humanos, hacinados a niveles increíbles y mortificados en el marco de una situación inhumana. Reclusos que tienen como denominador común la pobreza.

Ejemplos de ese tipo de discriminación, la que más se acentúa, se expresa, geográficamente, en una marginación creciente. Barrios de lata y cartón que son la expresión más evidente de ese proceso, de cómo en el Uruguay las diferencias siguen siendo un denominador común de una sociedad imperfecta. Pobres que, cuando se enferman, son atendidos en hospitales públicos que carecen de medicamentos, de adecuadas condiciones locativas, etc.

Son los vicios de una sociedad que cada vez funciona peor, destruyendo a las familias, que se desestructuralizan, en un proceso de creciente empobrecimiento que, además, está apuntalado por una ideología que valora a las personas de una manera muy distinta a las que son expuestas en la Constitución de la República. *

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