Nuevas tácticas de la derecha

A medida que se verifica y se confirma el crecimiento aparentemente indetenible de las fuerzas progresistas en la intención de voto del electorado, los ideólogos y escribas de las fuerzas conservadoras intentan –por ahora sin resultados– revertir la tendencia.

Los ataques malintencionados a la izquierda no son novedad. Recuérdese la campaña feroz y mentirosa desatada contra el recién creado Frente Amplio en 1971, con imágenes absurdas de tanques soviéticos en las calles de Montevideo y la sombría perspectiva de los niños uruguayos que serían deportados a La Habana.

Aquella histeria pertenece ya al pasado, y su recuerdo es jocoso. Pero la intención descalificatoria de las campañas contra la izquierda nunca decayó; simplemente adquirió otras características menos ridículas. Después de la primera ronda electoral de 1999, la propuesta encuentrista del impuesto a la renta sufrió toda clase de ataques, todos tergiversadores de la realidad, apuntando a sembrar el terror entre la población ante la certeza de que un gobierno progresista, despiadado e insaciable, le sustraería una tajada mayor de sus ingresos. Poco tiempo después, era el gobierno del doctor Batlle, acompañado por el nacionalismo, el que introducía implacable la mano en los ya desprovistos bolsillos de la gente; lo que atribuían a un eventual gobierno de la izquierda lo plasmaron ellos.

Pero no es de estas paradojas dignas del profesor encarnado por Buscaglia que queremos hablar hoy. Se trata de las nuevas tácticas que la derecha conservadora ha ideado para la misma estrategia de desprestigiar a la izquierda. Así, en un editorial del diario El País –ante la crisis en que nos sumieron blancos y colorados y a la que no son capaces de hallar salida– se pretende responsabilizar de la situación que vivimos a la izquierda y al movimiento sindical. Aunque cueste creerlo, lo que sugiere el editorial es que la crisis que padecemos es producto de la oposición del EP-FA y de los sindicatos a la modernización del país (!).

Desde luego que argumento tan rebuscado cae por su peso, pero no por ello hay que evitar señalarlo como parte de esa estrategia perversa. Todos sabemos que si el país está como está, es por exclusiva responsabilidad de quienes estuvieron al frente de la administración del Estado desde siempre. Colorados y blancos –aunque por más tiempo los primeros– se alternaron en el gobierno nacional y diseñaron y llevaron a cabo las políticas que condujeron al Uruguay al estado actual. Fueron ellos y no la izquierda quienes promovieron todos los vicios que desprestigiaron a las empresas públicas y a la clase política en general. Fueron los gobiernos democráticos que se sucedieron después de la dictadura los continuadores del modelo económico liberal, aperturista, concentrador y excluyente que inició el régimen cívico-militar.

Como único comentario ante tanto dislate, permítasenos citar el título de otro editorial de ese mismo diario pero de unos cuantos decenios atrás y escrito por una pluma de mucho más vuelo, Washington Beltrán (padre): «Â¡Qué tupé!» *

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