No importan los números, sino la gente

La pregunta que nos debemos hacer los uruguayos es si la economía, en aguda crisis, está en condiciones de resistir que siga retirándose masa monetaria por vía de la caída de los salarios. Los economistas del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve), explicaron que, a su entender, el país cumplirá las metas fiscales a costa de la caída de los salarios, indicando que estos bajarán en el año próximo un 19 por ciento, augurando también una caída del empleo.

El economista Fernando Lorenzo, que indudablemente maneja fluida información, sostuvo que con esa reducción del salario real se podrán cumplir las metas fijadas con el Fondo Monetario Internacional no sólo este año sino también el que viene.

Sostuvo algo que es conocido, de manera dramática, por todos los que todavía son asalariados. Indicó que el ajuste fiscal se procesó a través de la caída del salario real, que tuvo el obvio efecto de la pérdida del poder adquisitivo, desencadenando la mayor crisis económica de la historia del país.

Si en el año que corre esa caída del salario real llegó a niveles cercanos al 11 por ciento, imagínese el lector lo que ocurrirá en 2003, si la estimación es también a la baja en un 19 por ciento.

Todo el planteo del economista funciona de manera circular, casi perfecta, indicando como culminación del análisis, que podrá verse una luz siempre y cuando se cumpla con lo programado y firmado con el FMI, sosteniendo que una leve recuperación del producto está atada a que los organismos internacionales cumplan con los desembolsos previstos.

Como cronista de la crisis, quizás Lorenzo tenga razón. Lo que le faltó a su análisis es una valoración de las consecuencias sociales que tendrá esta política. Sus planteos coinciden con los realizados por el presidente del Banco Central, Julio de Brun, que se pronunció en la misma sintonía que el director de Cinve. Pero puede pasar que cuano en definitiva se llegue al final del túnel, creyéndose que se comenzará a ver la luz de la recuperación del producto, se mirará atrás advirtiéndose que sólo quedarán los despojos del país.

La economía no es una ciencia exacta. Manejar cifras e información, como hace Cinve, muestra seriedad, pero ello no quiere decir que las conclusiones sean las correctas. El proceso recesivo que vive el país, que se seguirá acentuando en 2003, parece demostrar lo contrario a lo sostenido.

Además, cuando se mira la realidad de la gente, su marginación progresiva, el crecimiento de la desesperante desocupación, la miseria, es que se llega a una conclusión indiscutible: el camino elegido, el del FMI, no es viable. Quizás puede funcionar en los números pero no en la gente. *

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