El garrote de Bush amenaza a todos

Una vez más el mundo entero está sobre ascuas ante la reiteración de los anuncios belicistas del gobierno de los Estados Unidos.

Empecemos por decir que, como uruguayos, el asunto nos interesa desde dos puntos de vista.

Por un lado, y es lo esencial en este momento, la amenaza de agresión a Irak significa un rudo golpe a la credibilidad de la existencia de un mundo capaz de estar regulado por normas de derecho.

Las amenazas norteamericanas, que restan toda importancia y seriedad a los informes técnicos realizados in situ por la delegación de inspectores de las Naciones, reafirman la tendencia a la unilateralidad de la intervención norteamericana. Tendencia centralista, peligrosa y autoritaria que va más allá del actual contencioso con el régimen de Saddam Hussein.

Es la existencia de un «derecho», al margen de todo derecho, que, según se pretende, asistiría al gobierno norteamericano de actuar cada vez que así lo haya decidido, en función de caracterizaciones que se concretan en las sentencias inapelables de las oficinas del gobierno de Washington.

¿Un país, como Corea del Norte, ha sido colocado en la lista llamada «el eje del mal»?, pues bien, los Estados Unidos se arrogan el derecho de hacerle la guerra.

Es el principio esgrimido, sin el menor fundamento, para acrecentar los preparativos de agresión al Estado de Irak, a su castigada población civil, a sus paupérrimos habitantes que conocen el infierno del bloqueo.

Ahora bien, transformado el criterio de la unilateralidad de las decisiones en un principio supuestamente legítimo, ningún país del planeta está libre de caer en desgracia y sufrir los efectos devastadores de ser «mal visto» por la administración en el poder en Washington.

Los tremendos peligros que entraña ese crecimiento del poder norteamericano sobre vida y milagros de los demás pueblos del mundo han quedado en estos días patentizados en las inaceptables presiones ejercidas por la diplomacia y el gobierno de los Estados Unidos sobre el gobierno constitucional de Venezuela.

Como han observado distintos comentaristas internacionales, la injerencia norteamericana, impulsada por un Poder Ejecutivo del Estado norteamericano bien impregnado de la temática del petróleo, la emprende ahora contra Venezuela, otro de los más grandes productores mundiales de crudo.

Decimos que la agresividad imperialista queda patentizada por la presión ejercida contra el presidente Chávez y a favor de los golpistas.

Quizás sería oportuno preguntarse y preguntar qué esperan que ocurra en aquella región del Caribe en el hipotético caso que los enemigos de Chávez consigan desalojarlo del poder legítimo que hoy ejerce.

¿Qué actitud asumirían los sectores populares identificados con el proyecto nacionalista y popular del actual gobierno?

Esa región, ya de por sí suficientemente convulsionada, con una dilatada y sangrienta guerra civil en Colombia, ¿cómo reaccionaría ante la emergencia de un régimen «de facto», presidido por las grandes Cámaras empresariales y el apoyo de los Estados Unidos?

Paradójicamente, el empuje violento que sobre la situación internacional impone el poder económico y militar norteamericano contribuye a poner en evidencia la pusilanimidad y las vacilaciones de los gobiernos europeos que –excepto el de Inglaterra– han manifestado serios reparos acerca de adónde conduce la escalada belicista de Bush.

La inacción de estos gobiernos muestra la extrema dependencia que tienen o sienten esas otras potencias de mediano porte ante la magnitud y la energía desplegada por el gobierno de Bush. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje