Decadencia de los partidos

 

No descubrimos la pólvora si sostenemos que hay una profunda crisis de los partidos políticos a nivel continental en forma genérica. Los centros de poder se han ido trasladando incluso con la «globalización» a otras formas de sectores de intereses que no son las estructuras partidarias como las concebimos o conocemos. Obsérvese, de norte a sur, el surgimiento del movimiento zapatista del comandante Marcos en México con sus indios atrincherados en la selva Lacandona, identificado con la enorme figura histórica de Emiliano Zapata. Reivindicando una franja explotada y olvidada de toda ayuda como la indígena por los gobiernos. Chávez es otro fenómeno nacionalista que surge del desprestigio de toda una clase de dirigentes ahítos de latrocinios y entreguismos de las riquezas nacionales a los imperios en beneficio propio. Al punto que un presidente, Andrés Pérez, terminó preso por malversación de dineros públicos. Allí, en Venezuela, los partidos agonizan. Tanto, que la oposición a Chávez descansa en sectores reaccionarios militares y poderosos industriales del petróleo vinculados al imperio yanqui. El triunfo de Lula es otro ejemplo. Si bien gana con una estructura partidaria, su Partido de los Trabajadores no es un partido tradicional que se basa en buenas historias y tradiciones. Por el contrario, es un movimiento moderno que rompe esquemas con bases populares de clases explotadas como son los obreros, los Sin Tierra y favelas en general que lo llevan con sentido nacional al poder. El reciente triunfo de Lucio Gutiérrez en Ecuador basado en el apoyo indio del movimiento Pachakutik y la Conaie (confederación indígena) que abarca el 35% de la población ecuatoriana olvidada por los grupos políticos e intereses millonarios bananeros del país. Reivindica los valores patrios nacionales contra los imperios y la dolarización de la moneda. En la Argentina incluso, y nos pega bien de cerca, el grito que ganó la calle es «que se vayan todos los políticos». O sea, hay una conciencia general de reacción nacionalista contra el entreguismo, escándalos y robos públicos y notorios de una clase política que se está cayendo a pedazos. Y nosotros mismos, y lo digo con dolor pues no oculto mi sentimiento partidario blanco, también vamos en ese camino. Nuestros partidos, al igual que los ejemplos mencionados, se han ido quedando sin contenido ideológico, social y nacional que puedan entusiasmar y fanatizar a la ciudadanía en general. El desprestigio, producto de los escándalos económicos, vaciamiento de bancos, etc., no es exclusividad de los actuales implicados sino que se arrastra de muchos años a la parte. ¿O alguien se olvida del Transatlántico, el Popular, etc., o el mismo Comercial que colecciona en su historial quiebras varias fraudulentas? Y en todos estos «luctuosos» hechos siempre apareció el Estado, por iniciativa y resolución de la clase política reflotando esos «muertos» que terminan pagos por Juan Pueblo. Los banqueros y sus padrinos políticos salen siempre ilesos prontos para organizar en el futuro cercano otros similares latrocinios con que enriquecerse. Sanguinetti, excelente representante de esa clase política decadente, se desespera y es lógico, destratando a los «populismos» nacionalistas por ser, según él, demagógicos y prometedores de promesas imposibles de cumplir. Y es justamente al revés; él, hombre inteligente al fin, lo sabe mejor que nadie. Los demagogos y deshonestos es precisamente la clase política. Los movimientos populistas nacionales surgen para suplir a su clase política que ha sumido al continente y a la patria nuestra en el caos económico más supino y extremo. Mientras, se pasean por el mundo «diletando» y dando conferencias muy bien pagas en dólares, aconsejando sobre el futuro de países que ellos llevaron al hambre. No, señor Julio María. No son los populismos nacionalistas los culpables de lo que sufrimos. Son ustedes y sólo ustedes. Toda la clase política sin distinción de colores tradicionales, los responsables nacionales y continentales del dolor de los pueblos. ¡Que siempre aparezcan reservas morales como los Chávez, los Lula, los Lucio Gutiérrez, los Marcos y todos los Espartacos americanos! ¡Por el bien futuro de nuestros pueblos! *

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