Inexistencia
¿Qué hacen las comisiones parlamentarias cuando investigan? Acumulan documentos y declaraciones y llegan a saber lo que nunca sabe el ciudadano común. Y luego se precipitan con delectación a una trivial contienda discursiva.
¿Para qué investigan? Para esclarecer los hechos y dar cuenta de las responsabilidades emergentes. Sin embargo, jamás alcanza uno a saber toda la verdad y nunca nadie asume nada, sea el denunciante, si no probó sus dichos, sean los denunciados, aun si fueron hallados culpables.
¿Y si es la Justicia la que investiga? Es parecido. Pero no propina discursos sino silencios. Y tarda tanto que cuando llega a una conclusión, cosa poco frecuente, ya estamos todos tan en otros asuntos que sería igual si continuara sumando hojas al expediente.
Somos, desde una visión jurídica, un país inexistente.
Lo ha confirmado la anécdota del Banco Central ayudando al Banco Comercial. Anécdota en la que, si hacemos un símil cárnico, la declaración de la contadora Medero es la parte más jugosa de los cuartos traseros.
Esta mujer ha denunciado ilegalidades y hasta presiones en el marco de una negociación intrínsecamente inadmisible. El Directorio del Central habría discutido durante meses de qué modo inocuo incluir en actas la denuncia de Medero. Al final, la palabra «inapropiada» habría sustituido a «ilegal» en la calificación del apoyo dado al Comercial. ¿Quiere decir que Rodríguez Batlle y Holz admitieron, cambiando adjetivos, la esencia de lo que se les endilga? ¿Quiere decir que la propia acusadora transó, apelando a un vocablo cenagoso para obtener un consenso inútil?
Lo que nos hace un país jurídicamente inexistente no es sólo esta patología de la administración pública tan perversamente expandida, sino la lentitud de lo que viene después, sea legislativo o judicial. Es tanta la cachaza que los hechos de ahora devoran a los que discurrieron hace quince minutos, hasta que, en un preciso momento, ya nadie sabe de qué estamos hablando.
Y a uno, pobre tonto que quiere certezas, no le queda otra que irse a quejar al Espíritu Santo. *
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