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Los funcionarios, que se mantuvieron impertérritos ante los gritos, insultos y amenazas del conocido empresario, demostraron que no se dejan impresionar por la soberbia ni están dispuestos a otorgar privilegios a nadie, por encumbrado que sea.
Más allá del resultado final de la inspección –unas pocas baratijas incautadas–, lo que vale es la actitud de celo profesional exhibido por los aduaneros.
Ojalá cunda su ejemplo. *
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