Incongruencias
Desde el final del invierno hasta la entrada del verano, la tarifa de los peajes se ha incrementado un disparate. Saltó, en dos tramos, de cincuenta y cinco a ochenta y cinco pesos.
Ese aumento brutal, a la entrada de un verano en que todos los individuos y empresas vinculados al turismo están tratando de hacer bien los deberes, intentando que haya una temporada decentita, es, en el mejor de los casos, una tremenda incoherencia con el discurso oficial que nos indica que pongamos toda la carne en el asador para atraer turistas.
Todos sabemos que el peaje no es un asunto menor a la hora de elegir lugar para unas cortas vacaciones. Y yo creo que es mucho, decir que quien quiera viajar a las playas de Maldonado –en su vehículo– deberá desembolsar ciento setenta pesos por ese concepto; mientras que los que intenten llegar hasta los balnearios de Rocha, deberán desembolsar doscientos cincuenta y cinco.
El Ministerio de Turismo, con muy buenas intenciones, busca promociones de vales y devoluciones para los turistas que lleguen desde Argentina, que no son la mayoría.
La mayoría, como sabemos todos nosotros, somos los uruguayos del resto del país, que adoramos descansar una semanita en las playas del Este.
La prensa se ha preocupado de hurgar en las razones de ese desatino. Y entonces nos enteramos –por declaraciones de un jerarca del Ministerio de Transporte– que las razones de tan exagerados aumentos están en la raíz del contrato que firmó en su día (allá por 1994) el Estado con la empresa concesionaria. En efecto, nos explican, los ajustes están pautados con una periodicidad cuatrimestral por un índice que combina la devaluación con la inflación. Y no hay más remedio que aguantar el tiro.
Yo le pregunto a usted. ¿Será eso tan inexorable? Porque diariamente estamos viendo montones de convenios, acuerdos y tutti quanti que habiéndose firmado indexados por el costo de la vida están siendo dejados de lado por el gobierno, aduciendo las dificultades que acarrearía su cumplimiento, habida cuenta de la ruptura de las pautas vigentes al momento de firmarse los convenios o acuerdos.
El mantenimiento de la ruta interbalnearia se realiza con personal nacional y con materiales mayoritariamente nacionales. Por lo tanto, no veo ninguna razón para que el precio que nos cobran deba subir a lo loco, según se dispare el dólar y el costo de vida.
¿Será tan fuerte la influencia o poder de que dispone el concesionario de este monopolio privado? ¿Por qué no se nos informó, cuando se firmó el contrato, que esas condiciones leoninas, estaban incluidas? Y por último: ¿La concesionaria integra el grupo de empresas de la familia Peirano?
La indignación que se aprecia entre los empresarios y los que esperan trabajar en las empresas vinculadas al turismo en Maldonado y Rocha en la temporada que se inicia, se huele, no bien uno atraviesa el puente del arroyo Solís Grande.
Se les pidió que se esmeraran para tener precios competitivos con los de los lugares de descanso en la región. Ellos se aplicaron. le sacaron punta al lápiz y se dieron un buen baño de humildad. Por eso es que se rebelan ante el brochazo gordo que se auspicia desde el mismo Poder Ejecutivo. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad