El oportunismo de Lacalle
El ex presidente Luis A. Lacalle está jugando duro. Su propuesta para liquidar antes de fin de años los bancos suspendidos coloca al líder blanco, en un sorprendente papel opositor, dejando al Encuentro Progresista – Frente Amplio con la responsabilidad de una decisión que, de fracasar, puede determinar el tener que pagar un alto costo político.
El camino elegido por el dirigente nacionalista tiene un claro tinte oportunista, intentando con esa jugada que se olvide que hasta hace pocas semanas su partido, su Honorable Directorio y sus legisladores, votaban a mano alzada todas las leyes de urgencia que sirvieron para achicar salarios y jubilaciones, contribuyendo decisivamente a la consiguiente contracción de la actividad y en desencadenar la crisis económica que a todos nos afecta.
Como decíamos en alguna nota anterior, la situación del país es tan difícil, la falta de confianza de la población en el sistema financiero es más que notoria, por lo cual no creemos que nadie, objetivamente, pueda tener claro lo que pasará en el mediano plazo con el llamado Nuevo Banco Comercial. Las condiciones del país no hacen abrigar ninguna esperanza en que quienes tienen todavía dinero en los «colchones» o han depositado sus ahorros en las filiales locales de la banca extranjera, resuelvan de un día para el otro comenzar a trabajar en el nuevo banco, que sintetizaría al Comercial, Montevideo y Caja Obrera, instituciones que serían liquidadas inmediatamente de aprobadas las normas legales enviadas por el gobierno.
Claro, algunos señores que no tienen nada para perder, como el doctor Ramón Díaz, o el inefable Ignacio de Posadas, pontifican desde afuera, sosteniendo que la entidad a crearse sería inviable. Sin embargo otros han optado por un camino más pragmático, sabiendo que la liquidación lisa y llana de las instituciones suspendidas, que tienen depósitos a plazo fijo que superan los mil millones de dólares, sería un golpe de gracia para la economía. Y ni hablar del tema de la confianza, que se degradaría aun más.
Las preguntas que surgen en primera instancia son muchas: ¿Podrá funcionar y desarrollarse el nuevo banco? ¿Podrá comenzar a cumplir con sus obligaciones? ¿Tendrá clientes? ¿No se convertirá en un factor que lleve al sistema financiero a una nueva crisis?
Es lamentable que sobre el punto exista un silencio ominoso de técnicos y economistas, a quienes se les hace fácil pontificar sobre diversos temas pero con las cartas a la vista. La creación de un nuevo banco, en un país sin reservas, endeudado por más de 15 mil millones de dólares, con un déficit fiscal que puede subir a fin de año hasta el 6 por ciento del PBI, con un índice de desocupación de 19,2 por ciento, con una caída del producto mayor a 8 mil millones, es un asunto más que vidrioso.
Sin embargo el doctor Lacalle, con su jugada política, no podrá zafar de la responsabilidad que le cabe, tanto a él, como a su partido.
Una movida fruto de un oportunismo que consideramos repudiable. *
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