El estallido tan temido

Por momentos, el país parece asistir al desconcertante espectáculo de una realidad escindida: de un lado, la actitud de algunos dirigentes políticos de «la situación», es decir que responden a las mayorías parlamentarias agrupadas en la coalición, y por otro, hablando otro lenguaje y exhibiendo dramáticas denuncias, diversas y nuevas expresiones de protesta de parte de la sociedad civil.

Lo ocurrido en estos días en varias localidades del Interior del país dan cuenta de algunos aspectos de la realidad a la que nos referimos.

Por un lado, el día jueves, en la ciudad de Rivera, un grupo de ahorristas en dólares la emprendió con gritos y pancartas contra el líder del Foro Batllista, doctor Julio María Sanguinetti.

El mismo día, en otro incidente, este ya sumamente lamentable, un numeroso grupo de personas se hizo presente en la sede judicial de 6º Turno en el que las autoridades judiciales procedían a rematar la vivienda de un vecino del departamento de Paysandú.

El episodio estuvo precedido de una serie de manifestaciones de solidaridad con el deudor y de protesta ante el desenlace de las gestiones que culminaron con la subasta. Solidaridades y protestas que, de más está decirlo, son absolutamente comprensibles y legítimas.

El propietario cuyo inmueble fue ejecutado judicialmente es una persona conocida y uno de los fundadores del Club de Deudores de aquella ciudad. Preparado con múltiples denuncias previas por parte de quienes se solidarizaron con el deudor, el remate se llevó adelante en un clima de enorme tensión y –lamentablemente– se produjeron algunas agresiones físicas, entre otras al fiscal participante, que mostraron la carga emotiva y el gran malestar y desasosiego que se ha ido acumulando.

En el episodio participaron alrededor de un centenar de personas y alrededor de cuarenta fueron luego demorados e interrogados por las autoridades locales.

Los incidentes de Rivera y Paysandú son una señal elocuente del grado de desesperación a que están siendo llevados una serie de sectores sociales a los que habitualmente se caracteriza como pertenecientes a las clases o capas medias, que no tienen una tradición de lucha gremial o corporativa conocida sino que son el resultado de los sacudimientos y de las maniobras del sistema financiero y de los errores en el manejo de esas variables por parte de los voceros del gobierno.

Estas expresiones de protesta nuevas se suman a las extendidas muestras de insatisfacción que campean en los medios sindicales tradicionales como los trabajadores de la salud, agrupados en el PIT-CNT.

Como contrapartida a esta realidad del país donde se acumula la rabia y la angustia, cuando se examina la actitud de los sectores tradicionales en el poder sorprenden el rutinarismo y la falta de flexibilidad con que el gobierno asume las dificultades y los padecimientos de la sociedad.

En este contexto se vislumbran –aunque no se compartan- las motivaciones que llevan a que amplios sectores de la población uruguaya se muestren escépticos acerca de la eficacia democrática de la acción política.

Tampoco contribuyen a levantar un entusiasmo cívico fervoroso las actitudes de algunos sectores que parecen exclusivamente motivados por su imagen en la hora de las comparecencias electorales, sectores y dirigentes de primera línea que hasta hace apenas unas semanas formaron parte del gobierno y que ahora parecen ir acomodando el cuerpo para desplegar ante la opinión pública unas actitudes de independencia, de mirada crítica y hasta de oportunista oposición a la líneas que el gobierno sigue llevando adelante.

Este interés, también de matriz corporativa, casi exclusivo por la tajada que a cada partido le corresponderá en las próximas contiendas electorales y esta falta de imaginación y sensibilidad frente a la dramática realidad que vive el mundo del trabajo, es uno de los datos políticos más negativos que presenta la situación del país. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje