Sacapuntas

País de vivos

La cultura de la avivada probablemente tiene un siglo de vida en Uruguay. Yo la recuerdo desde siempre y eso es todo un dato, teniendo en cuenta que no soy joven. Así como fuimos «la Suiza de América», así como creamos el milagro inexplicable de Maracaná, hemos sido la tierra de la astucia chica y la picardía grande, maquilladas de gauchada: un político, un funcionario, un «tipo con contactos» siempre han estado para los amigos y para lo que sea, aunque, claro, sacando algo a cambio

Fueron los tiempos del empujoncito a un trámite jubilatorio, de las tarjetas marcadas por otro, de los préstamos sin garantía, de la militancia partidaria canjeada por un empleo público, de las firmas que abrían todas las puertas, de las coimas y de los pases en comisión.

¿Fueron?

Ah, no sé. Si pienso en Fernández Chaves y en Lausarot y el lío que armaron para explicar el pase en comisión de un aduanero corrupto, me entran unas dudas terribles. Si advierto que la plata sigue diluyendo controles para que ingrese de todo a una cárcel, me agarra una angustia existencial sublime. Si recuerdo lo que acaba de decir Rosario Medero acerca de la sospechosa blandura de algunos controles del Banco Central, me siento tentado a salir a gritar al balcón. Y si presto atención a lo que ha ido destapando Julio Kneit sobre los Peirano, bueno, ahí ya me viene la idea de un suicidio genital.

Y por si esto no bastase, ahora se ha descubierto que en un sitio poco secreto del sacrosanto recinto parlamentario había abundancia de cigarrillos, whisky y perfumes, pequeñeces que se vendían allí mismo a precio de ganga.

Esto no tiene goyete.

Hasta que la sociedad entera –porque no es cuestión sólo de vivezas de hombres públicos, funcionarios o administradores– entienda que así no se construye un futuro posible, anadearemos patéticamente, como unos imbéciles, creyendo que el camino corto de la avivada nos lleva al destino largo de una nación en serio.

¿Qué queremos hacer? ¿Seguir tirando el papelito en la calle, justo al lado del recipiente de la basura? Es tristísimo. *

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