El FMI y su lógica perversa
Lo que era previsible está ocurriendo. El gobierno de Jorge Batlle, luego de su «irresponsable» gestión económica y de abdicar de elementos esenciales de nuestra política internacional, que fueron su sostén por años, está ahora cosechando lo sembrado. El Fondo Monetario Internacional no está dispuesto a seguir entregando dinero a un país que no cumple, ni en la forma ni en la letra, con las Cartas de Intención firmadas.
En LA REPUBLICA tenemos claro el papel que juegan estos organismos internacionales, de su prédica tendiente a imponer la globalización neoliberal sobre la base de los acuerdos concretados en el llamado «consenso de Washington». También sabemos que nuestros gobernantes, en particular el dúo Batlle – Bensión, al ser más realistas que el rey, fijaron requisitos que el país no estaba en condiciones de cumplir.
El gobierno uruguayo se comprometió a cumplir metas, en base a políticas estrictas, que nunca se cumplieron.
La crisis desembocó en el feriado bancario, la suspensión de cuatro bancos y, obviamente, en otro compromiso gubernamental. Canjear su liquidación por un adelanto de los organismos de crédito para pagar a los depositantes, en base a una reprogramación estricta.
Claro, quizás por haber primado la cordura, este acuerdo tampoco se cumplió y de la primera fecha de suspensión, se fueron estableciendo prórrogas, buscándose una solución que es vidriosa.
Era obvio, y ello debería haber sido comprendido por el gobierno, cuál sería la reacción del FMI, organismo que todavía tiene la sartén por el mango. Mejor dicho desembolsos de 142,2 millones de Derechos Especiales de Giro, moneda que utiliza ese organismo, cuya equivalencia es de 190 millones de dólares. El primero de ellos fue suspendido y seguramente el mismo destino tendrá otro por el mismo monto que debería girarse la próxima semana.
Sin duda el resultado del deterioro de la recaudación fiscal de los últimos meses ha jugado un papel esencial en la decisión fondomonetarista, cuyos técnicos no pueden entender la inacción de un gobierno que sigue sin avanzar en ninguna dirección y al que ya no le quedan fuentes de recursos para sobrellevar la crisis. La población ya ha sido superada en su capacidad impositiva y por ello, el consumo se ha derrumbado determinando el relevante crecimiento del déficit.
Los caminos de solución cada día se acotan más. Cuando se debió reactivar la economía, se apostó irresponsablemente a la exportación cuando el país había perdido los mercados. Se prefirió castigar los ya flacos bolsillos de la gente vía IRP, achicando la masa monetaria mucho más allá del nivel mínimo que exige el funcionamiento de la economía.
Ahora reactivar el mercado costará más caro. Y no se podrá hacer, como hubiera sido posible en su momento, con recursos genuinos. *
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