Tiempo de reafirmación de los derechos humanos

La culminación del año lectivo, la proximidad de las celebraciones de fin de año, ahondan en los espíritus la sensibilidad por las cuestiones más trascendentes de la condición humana.

Parece ser tiempo de reflexión sobre las eternas preocupaciones humanas acerca de la vida y de la muerte, de la memoria y del olvido, de la justicia y de la libertad.

A lo largo de este diciembre uruguayo tan acechado por las incertidumbres y los reveses económicos y financieros, nuestra sociedad revela, no obstante, una enérgica vitalidad en el terreno de ese tipo de reflexiones.

Las conmemoraciones del día internacional de los Derechos del Hombre fueron intensas y valiosas y en algunos casos –como ocurrió en la velada organizada por el PIT-CNT en el Teatro de Verano– supo reunir a miles de personas que se acercaron a celebrar a calificados artistas nacionales y extranjeros.

Esta reunión estuvo precedida, y será continuada a lo largo del mes de diciembre, de un sinnúmero de otras veladas, también de gran valor: edición y presentación de un nuevo volumen de Historias para armar II; IV Encuentro de los presos y presas en el Parque Rivera; presentación de libros de testimonios, como el de Carlos Amorim y Sara Méndez sobre el reencuentro con Simón, que se realiza en el día de hoy; en fin, varias crónicas y reflexiones sobre las peripecias de los derechos humanos en nuestro país, entre otras.

En el contexto de la celebración del Día Internacional de los DDHH, el Servicio de Paz y Justicia hizo público su serio y valioso informe anual acerca de la situación de los derechos humanos en nuestro país.

Pareciera que la conciencia crítica y el anhelo del registro histórico renaciera en el país con bríos para hablar de temas muchos de ellos hasta ahora «tabú» que remiten justamente a la vigencia o el avasallamiento de los derechos humanos en el Uruguay de nuestro tiempo.

En la celebración de la Declaración Universal sobre DDHH, Madres y Familiares de Uruguayos Desaparecidos hicieron oír su voz expresando una serie de conceptos de la mayor relevancia. Así por ejemplo señalaron: «En el caso de la Comisión para la Paz, el Presidente prometió llegar a la verdad posible, no se comprometió a investigar sino a averiguar. Estableció a priori que se preservaría el anonimato de los culpables y que no se conformarían archivos de las declaraciones recibidas ni se conminaría a los responsables de los crímenes de lesa humanidad o testigos de los mismos a declarar. Por el contrario los responsables fueron ascendidos en ‘honor a sus méritos’.

A pesar de esas limitaciones, entendimos y entendemos que el hecho de que se publicara un informe oficial condenatorio y en el que estuvieran claramente explicitadas las responsabilidades del Estado sobre las violaciones de los derechos humanos realizadas en el pasado, habilitando a su rechazo público, actuaría en contra de la reproducción de ese pasado, y nos acercaría al NUNCA MAS.

Luego de dos años de instalada la comisión, hoy vemos con preocupación la gran cantidad de capítulos abiertos, de investigaciones sin terminar. Por eso, más que nunca, la conformación de una comisión de seguimiento se hace imprescindible.

Creemos oportuno reiterar algunos de los puntos que aspiramos estén contenidos en el informe final de la Comisión: ‘Entendemos que en cuanto al tema de los restos, éstos deben ser entregados a sus familiares, y en caso de no estar los mismos, el Estado debe investigar. En ese sentido y como lo expresamos en nuestro comunicado de prensa subrayamos la diferencia entre muerte presunta y muerte comprobada, para nosotros la muerte no se declara'».

Más adelante agregan: «Cualquier reparación comienza con la verdad de los hechos…».

Las consideraciones, claras y precisas, de Madres y Familiares importan dado la justeza de sus demandas y su indudable ascendiente moral sobre la opinión pública. *

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