Justicia, reconciliación y misericordia
En la última edición del semanario Búsqueda se informa de una misa celebrada en la parroquia Stella Maris de Carrasco, convocada por amigos y parientes del doctor Juan Carlos Blanco, con el objeto de «pedir a Dios verdadera y auténtica justicia, paz y reconciliación entre los uruguayos».
Según consigna la información del semanario, el cura párroco pronunció una homilía en la que exhortó a la sociedad uruguaya a alcanzar la reconciliación entre sus integrantes, «conjugando la justicia y el perdón para que el perdón venza al odio y la misericordia a la venganza». Insistió en la necesidad de dejar atrás los temas de la venganza y el rencor como camino para llegar a la reconciliación y la misericordia.
Hasta aquí, la crónica.
La primera reflexión que surge inevitablemente tiene que ver con un valor: la justicia. Y resulta bastante paradojal que quienes se han negado sistemáticamente a que ella resplandezca coincidan en su reclamo precisamente con quienes hemos exigido que ella actuara con toda su majestad para juzgar a los terroristas de Estado. El reclamo de «verdad y justicia» ha sido la consigna tras la cual nos hemos movilizado desde que los centuriones y civiles colaboracionistas comenzaron su guerra sucia contra los opositores, y hasta que los oscuros protectores de asesinos lograron imponer la impunidad. Y ahora, ¿qué justicia reclaman? ¿Qué insinúan con eso de pedir a Dios «verdadera y auténtica» justicia? ¿O acaso la Justicia que halló a Blanco culpable del delito de privación de libertad es falsa y espuria? Probablemente piensen –no sin razón– que para este caso el Supremo Tribunal Militar ofrecía más garantías que un juzgado ordinario.
En segundo lugar, vale la pena detenerse en otro concepto vertido en la ocasión. Nos referimos a la idea de reconciliación, vocablo recurrente en la homilía y en la convocatoria. Bueno es recordar que el doctor Juan Carlos Blanco fue canciller de un gobierno de facto que no se caracterizó precisamente por fomentar la reconciliación. Antes bien, se ocupó de fomentar el odio, de encarcelar, de torturar, de asesinar, de hacer desaparecer uruguayos opositores y de discriminar a los ciudadanos agrupándolos en tres categorías. ¿De qué reconciliación están hablando cuando el doctor Blanco fue uno de los ideólogos de la doctrina según la cual el país estaba embarcado en la tercera guerra mundial?
Y finalmente, queremos llamar la atención sobre otro término que aparece con frecuencia en esa suerte de homenaje o desagravio al doctor Blanco: misericordia, que se vincula con la idea de compasión y perdón. Resulta bastante irónico que se apele a un sentimiento que jamás anidó en el alma de los torturadores y asesinos ni en la de los civiles cómplices de aquellos. ¿Estuvo esa noble virtud en el ánimo del canciller del gobierno de facto cuando con toda frialdad sopesaba las ventajas e inconvenientes de «entregar a la mujer», como si se tratara de un objeto cualquiera, sin importarle que «la mujer» estuviera en esos precisos momentos padeciendo los peores tormentos y vejámenes?
De acuerdo con la malhadada Ley de Impunidad (que por otra parte no contempla a los civiles colaboracionistas, vale la pena tenerlo presente), ha caducado la pretensión punitiva del aparato estatal. Pero ello no implica que también haya caducado la condena de la comunidad a los crímenes de la dictadura ni la pretensión de saber la verdad e identificar a los terroristas de Estado. *
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