El documento marco y la alternancia en el gobierno

 

Ha tomado estado público y se ha presentado ante la Mesa Política para su tratamiento y casi segura aprobación, con la premura inconveniente de estilo, un documento caratulado como Documento Marco, que se mantiene en la línea estratégica fijada por el compañero Tabaré, aunque aún no discutida y menos decidida en las soberanas «bases», de un (más que posible) acuerdo politico-electoral con el Nuevo Espacio, e ainda mais, para la conformación de un agrupamiento de tercer nivel que contenga las llamadas nuevas mayorías.

Dicho documento es continuación y de total concordancia, con la línea definida por el compañero Tabaré en el último Plenario Nacional del FA, de «no hostigamiento ni desestabilización del gobierno actuante», que permita a éste llegar sin sobresaltos «de oposición», hasta 2005, y que, de aplicarse tal como se ha definido, permitiría al gobierno seguir hostigando y desestabilizando la situación de la población, hasta que Uruguay no quede.

Esto está también en la línea del «cenador» Couriel del «no firmo, no junto firmas, no actúo a favor del referéndum por Ancap y espero no tener que votar», y de la conducción errada del equipo de gobierno departamental, que, luego de demostrar una visceral inhibición para enfrentar al poder económico de siempre, concluye con la denuncia unilateral del convenio, y con la colaboración expresa con la represión, delatando a trabajadores para que terminen en prisión, rompiendo la «piola», una vez más, por el lado más débil.

Y también participa de la idea de asegurarle al sistema financiero una transfusión de sangre vital, que intente viabilizar a un paciente «in extremis», mientras se le mantiene como médico de cabecera… a Drácula.

En dicho documento, sin perjuicio de algunas referencias que constituyen «lugares comunes» de toda fuerza que se precie en la conquista de electores, queremos citar algún concepto que nos aparece como preocupante.

Así, se desliza el concepto de alternancia en el gobierno, a través de:

«El compromiso irrevocable con la libertad y la democracia, que resultará consolidada por la alternancia en el gobierno (…)»

Este es un concepto que requiere una inmediata aclaración, para evitar más confusiones en nuestro ya confundido pueblo.

Nos tememos que se esté tomando como un dato de la realidad el europeo concepto de la alternancia en el poder de las fuerzas de derecha y de la socialdemocracia, que han sido la tónica en dicho continente. Una vez uno y una vez otro y así sucesivamente.

De ser éste el concepto, nos oponemos radicalmente a esta concepción. La idea de que luego de llegada la izquierda, fiel representante de las necesidades del pueblo, al poder, no cabe imaginarse que, luego, pueda acceder nuevamente la coalición burguesa, en cualquiera de sus dos opciones, está en la esencia de nuestro pensamiento. Admitir, de antemano, siquiera la posibilidad de futura alternancia con la derecha antipopular y antinacional, es como estar preanunciando la posible incapacidad para llevar adelante los logros esperanzados que está depositando la clase popular en el gobierno del FA.

Nos preocupan enormemente estos mensajes poco claros y, en el mejor de los casos, de posible interpretación ambivalente, que siembran dudas en la sufrida población «de a pie». La política de alianzas es muy delicada, expresiva y simbólica, del camino que se ha elegido. Continuamos pensando que aguar el vino original con sucesivos «cortes», que rebajan su fuerza, puede ser el mejor camino para debilitar y finalmente renunciar a los cambios necesarios que el país (que es su gente), está esperando.

Me decía mi amigo Peloche, el supuesto «humorista», referido a la política de alianzas del FA, con algunas fuerzas que se ofrecen como factibles aliados, que, en las barras de los boliches, a esos posibles aliados, el humor popular los ha bautizado como «boxeador clásico», porque hacen «fintas» y amagues con la izquierda, pero después, al final, al final… te golpean con la derecha. Y esa es la que provoca, desgraciadamente, el «nocau» decisivo.

A tenerlo en cuenta, pues, al momento de elegir a los «socios.» *

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