Parlamento trata la Ley Cooperativa del Trabajo, para enfrentar desocupación
«Impulsamos acelerar la Ley Cooperativa de Trabajo, que se encuentra en la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, a fin de contar con normas para enfrentar la situación», afirmó el secretario de la Confederación Uruguaya de Entidades Cooperativas (Cudecoop). El doctor Sergio Reyes entendió que existen modificaciones urgentes para activar una norma cuyo contexto de 1965 ha perdido vigencia. Apuntó como imprescindible se derogue la obligatoriedad de que las cooperativas de trabajo sean propietarias de los medios de producción, «en tanto ahora existen empresas que alquilan la maquinaria a emplear», explicó el asesor legal de Cudecoop.
Asimismo, la imposibilidad de que una cooperativa de trabajo pueda complementar sus prestaciones a través de intermediar bienes y servicios.
Las cooperativas de trabajo vendrían a sumarse al abanico del cooperativismo que en múltiples formas opera en el país: tan sólo a nivel de Cudecoop, casi unas mil en los distintos departamentos.
Aunque realizar generalización alguna en Uruguay resulta inadmisible, dadas las multifacéticas áreas (cooperativas de producción obrera derivadas de empresas, actúan con éxito, mientras en el otro extremo hay cooperativas de vivienda en crisis), el «momento» cooperativo es de avanzada, en tanto es forma social esperanzadora en tiempos de crisis.
La legislación cooperativa es en tal sentido vital, para lo que la Confederación invitó al responsable jurídico del grupo cooperativo Mondragón, el primer grupo empresarial vasco y el séptimo en España.
Buenas perspectivas
El doctor José María Aizega, responsable jurídico de Mondragón Corporación Cooperativa, integrada por 150 empresas del País Vasco, afirmó la viabilidad del cooperativismo «aún en medio de los planteos del capitalismo neoliberal».
El analista jurídico afirmó que la competitividad de las empresas cooperativas es incluso mayor a las del sistema tradicional, «en tanto sus trabajadores asumen como en realidad es, como verdaderamente propios los destinos de la empresa». En cuanto a su visión de la realidad cooperativa uruguaya entendió que «desde el punto de vista legislativo en Uruguay hay normas, pero existen diferentes cooperativas en diferentes sectores y cada una de ellas puede tener legislaciones diferentes, y a veces contradictorias. O por lo menos no homogéneas». Consideró «de gran utilidad una ley general de cooperativas que por lo menos dé una regulación similar, homogénea. Porque en el fondo las cooperativas sean de producción, de viviendas, de consumo son similares; otra cosa es que además de lo básico tengan elementos diferenciales que así deben de contemplarse».
En cuanto a las formas en que el Estado español ha respondido a los requerimientos de los cooperativistas, reconoció que «tenemos una ley buena, que tiene en cuenta las principales necesidades de las cooperativas». Apuntó que al igual que en Uruguay, hay aspectos impositivos diferenciales de importancia. «A nivel tributario fiscal, en España hay consideraciones para salvaguardar el proyecto original, al tiempo de dar mayor competitividad. Por ejemplo: existen fondos de reserva irrepartibles entre los socios. Así la cooperativa acumula una serie de recursos que sean para el proyecto y eso redunda en beneficio de los presentes y los futuros».
En cuanto a la competitividad en Europa de las cooperativas exportadoras vascas, afirmó que las «de la Corporación, tienen como valor establecido la satisfacción del cliente y la optimización de la calidad. Esto consigue que los productos compitan en calidad, en igualdad de condiciones con las multinacionales. La organización cooperativa no es un obstáculo; los trabajadores son conscientes que sin ese factor competitivo no hay forma de sostenerse como proyecto: el que sea cooperativo ha implicado un mayor compromiso de los trabajadores».
Aseguró que en las cooperativas de España «no hay retracción y las que están funcionando se demuestra que son competitivas como cualquier empresa. Recordó que la cooperativa «no tiene las posibilidades de una sociedad anónima de despedir a la mitad de la plantilla y reducir los costos salariales, entonces dejaría de ser cooperativa. Lo que se hace es reducir los beneficios a los socios para reducir costes, pero siempre en un esfuerzo colectivo». *
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