ANALISIS ECONOMICO

El camino del optimismo

POR CARLOS VIERA

 

Aún así, los uruguayos tenemos expectativas de que, en algún momento, el país supere este difícil trance. Ya hemos insistido suficientemente en las causas que provocaron esta situación. Ahora, abocados a la búsqueda de soluciones, aunque sea descubrir una pequeña luz en el fondo del túnel, creemos que es necesario asimilar experiencias anteriores y ponernos de acuerdo en algunas cosas.

 

En primer lugar, esta crisis es más profunda que la que padecimos en 1983-84, luego del derrumbe provocado por el rompimiento del cronograma cambiario en noviembre de 1982. Después de aquella nefasta experiencia, que también se conoció como «tablita cambiaria», nadie en su sano juicio, pensó que sería reiterada poco tiempo después, en la década de los 90. Volvimos a tropezar con la misma piedra y, al igual que en aquel tiempo, meses después que se derrumbó el modelo argentino, le tocó el turno a Uruguay. Dicha experiencia, marcó similitudes y diferencias:

* Tanto en aquella oportunidad como en ésta, los sectores productivos, primero fueron conducidos al endeudamiento progresivo por la falta de competitividad y luego la brecha se agrandó en forma insostenible por la devaluación. Pero ahora, tenemos dos problemas adicionales. Del lado de la producción, al endeudamiento se le agrega el desmantelamiento. Y por otro lado, también las familias están muy endeudadas, de la mano del intenso consumismo, fomentado con crédito fácil pero caro, desde mediados de la década pasada.

* En aquella ocasión, la corrida fue directamente contra el dólar, determinando el pago de tasas de interés muy elevadas por depósitos en pesos y la afectación directa de las reservas del BCU. En cambio, la crisis actual, tuvo su último epicentro en la corrida sobre los depósitos bancarios, factor que consumió grandemente las reservas del BCU.

* Y finalmente, una diferencia fundamental: la economía sufrió más intensamente en esta instancia porque estaba mucho más dolarizada que en 1982.

Estamos entonces en presencia de una crisis más aguda, no provocada por la devaluación sino que condujo a ella, y de esa forma, los efectos nocivos se realimentaron.

La banca internacional

Pero tanto en aquél momento como ahora, la banca internacional tuvo un papel clave. En 1983-84, como los deudores bancarios no podían devolver el dinero tomado en préstamo, el gobierno le compró a los bancos internacionales esas carteras incobrables, a cambio de que dichas instituciones otorgasen al BCU créditos por el triple del valor de las carteras adquiridas. En suma, la banca cobró y el pueblo uruguayo terminó pagando los créditos incobrables, lo que, por otra parte, fue la fuente de los futuros déficit fiscales que hasta hoy arrastramos.

Eso sí, a diferencia de la situación actual, esa banca internacional confió en el Estado uruguayo y cumplió su parte del pacto. Viene al caso, porque ni siquiera esa seudo-solución está planteada para las actuales circunstancias. Todo lo contrario, el tema en el 2002, pasa por la desconfianza en la capacidad de pago, no sólo de los deudores con los bancos, sino del propio Estado, desde el momento que ni siquiera cumple con sus acreedores comerciales internos. Pero asimismo, hay banqueros internacionales que han dado señales claras de que no están dispuestos a honrar su deuda con los depositantes uruguayos.

Seamos realistas, en las condiciones en que se ha sumido al país, no habrá salida mientras no encontremos soluciones a cada uno de los siguientes aspectos de la crisis:

 

* Recuperación del crédito para la producción y eventualmente para la inversión.

* Alivio al endeudamiento de los sectores productivos y de las familias.

* Recuperación del mercado interno

* Reposición de los equilibrios básicos (comercio exterior, fiscal, precios, salarios, tipo de cambio, empleo, etc).

 

El drama nacional es que ninguno de estos cuatro aspectos tiene vías de solución. Entonces, el único optimismo posible, es aquél que, partiendo de esta realidad, cree tener respuestas para intentar superarla. En esa búsqueda consideramos que uno de los primeros pasos a dar es romper con la dolarización de la economía.

Romper la dolarización

1) Hacia el futuro, no nos cabe duda que tenemos que restablecer la moneda nacional para los contratos, lo que podrá lograrse de distintas maneras, por ejemplo, no otorgando seguridad jurídica a aquellos constituidos en moneda extranjera.

2) De existir déficit fiscal, su financiamiento podrá estar a cargo de la emisión monetaria, lo cual no es lo mismo que decir que se financia con inflación. De esta forma, el Estado no quebraría, como ocurre en el actual escenario, sino que afrontaría un problema, una incidencia inflacionaria a resolver, pero no un resultado predeterminado, como gustan los neoliberales describir esta situación.

3) El crédito bancario en dólares sólo debería aplicarse a quienes vayan a recibir ingresos en dicha moneda. Vinculado a ello, será bienvenido el retorno de depósitos en moneda extranjera de residentes, pero estimulando en mayor medida la radicación de esos ahorros en instrumentos en moneda nacional. La experiencia que estamos tratando de recoger, nos indica que lo sucedido en el sistema financiero se podría haber evitado si se hubiese instrumentado un seguro para los depósitos en moneda extranjera y haber puesto de relieve la garantía total del Estado para los constituidos en moneda nacional. Eso es lo que habría que hacer en la actual coyuntura, donde el centro de la cuestión es recuperar la confianza.

4) Con referencia al endeudamiento ya constituido, los propios acreedores saben que la única forma de recuperar el dinero prestado es habilitar fórmulas de pago en las que se repartan equitativamente los costos y las ganancias. Ello en tanto exista por parte de los deudores voluntad de pago en relación a su compromiso inicial y los acreedores reconozcan que el valor real de su crédito es menor al monto revaluado y que fracasaría cualquier intento de obtenerlo mediante la ejecución de las garantías, las que, por otra parte, serían insuficientes. También podría haber una contribución estatal, justificada plenamente por la responsabilidad que le cupo a la política del gobierno.

Este tipo de medidas no será de ejecución fácil ni rápida, pero son las que hay que adoptar. Algunas sonarán como medidas heroicas, como de economía de guerra, mientras que otras, podrán ser objetadas ideológicamente, pero son tan elementales como cuando el conductor de una caravana raciona el agua en el desierto.

Sólo si lo logramos el país se pondrá de nuevo de pie, en vez de seguir postrado, desangrándose internamente. Y si el país se levanta, somos optimistas de que caminará hacia una salida. *

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