Los impuestos que se pagan son irrisorios en comparación a lo que cobran otros países

Importaciones de China estrangulan a la industria de la vestimenta

Una vez que el lector se informe de algunos precios que surgen de la información proporcionada por la Dirección Nacional de Aduanas las preguntas ebullirán en la mente, y tal vez la indignación por lo que uno debe pagar en un comercio para poder vestirse.

¿Habrá realmente controles en nuestro país?, ¿con qué márgenes de ganancia se trabaja?, ¿serán todos así? Estas y miles de preguntas pueden surgir analizando desde el punto de vista de un consumidor.

Una empresa nacional importó de China pero proveniente de Iquique, en el norte de Chile, mercadería por valor de 25 mil dólares el pasado 16 de setiembre.

Veamos el detalle: slips a 1,05 dólares la docena, t-shirts a 4,84 dólares la docena, shorts de hombres a 16,40 dólares la docena, sostenes a 2,48 dólares la docena, pantalón de niño a 8,70 dólares la docena, pantalones para dama a 16,40 dólares la docena.

Si desde el punto de vista de un consumidor uno se siente humillado cuando recuerda el precio pagado en su última compra de alguno de estos productos, conviene también analizar esta importación desde la perspectiva de la industria nacional, y también, ¿por qué no? de la recaudación.

Elbio Fuscaldo, secretario de la Cámara de la Vestimenta, comenzó por afirmar que «Uruguay cada vez está más lejos del mundo» y explicó que entre 1974 y 1980 la vestimenta era un boom en el país, «nosotros éramos los chinos», a tal punto que «no teníamos que ir a vender a ningún lado, de EEUU venían hasta acá a hacernos los pedidos». Pero, aparecen los chinos en el comercio mundial «y dejamos de ser estrellas» pero además, «los italianos le encontraron la vuelta y apostaron a la calidad. Nosotros quedamos en el medio entre los 80 y el 95, teníamos mejor calidad que los chinos y peor que los italianos, lo que nos permitió sobrevivir pero, al mejorar su calidad los chinos y bajar los italianos sus precios, nosotros desaparecimos», sostuvo el industrial.

Razonó que «mientras el resto del mundo no se quedaba quieto sino que buscaba nuevas formas y salidas, nosotros comenzábamos un proceso de destrucción de nuestro parque industrial».

Al recordársele que Uruguay ha recuperado mucha competitividad, Fuscaldo explicó que no se puede esperar milagros porque en nuestro país «se rompió el entramado industrial, que implica que en estos 10 años hemos ido perdiendo mercados, contactos, gente calificada y no calificada, tecnología, etc, y recomponer todo eso no se hace de un día para el otro.

Ante la pregunta si todo está perdido, el industrial consideró que «no, se puede salir adelante, pero no es nada fácil», y sostuvo que lo primero que hay que cambiar son los valores porque «acá todo es lento pero además, hay que ser profesional, no se puede ser payador o hacer las cosas más o menos, pero además lo que falta es un nivel dirigencial que nos conduzca y nos haga ser capaces de realizaciones en conjunto, los uruguayos somos inteligentes individualmente, pero colectivamente somos tontos».

Fuscaldo no se considera un pesimista, sino un realista, «ahora llegó la hora de laburar, y si lo hacemos vamos a salir, pero no podemos correr y hacer lo mismo que los demás; en esa carrera siempre llegamos tarde, lo nuestro es adelantarnos al futuro, preverlo y trabajar para ello, en eso estoy».

Competencia desleal

Con respecto a la importación citada más arriba, el dirigente afirmó que «no tengo duda que ahí hay subfacturación y eso es fácil de comprobar, si las autoridades realizaron un paneo de los precios que pagan Chile o EEUU para estos mismos productos podrían constatar sin ningún tipo de problema que son otros precios, bastante diferentes a los que pagó el importador uruguayo». Otro empresario del ramo que prefirió el anonimato criticó la inacción e incompetencia de Aduanas que se cobija en el argumento que no puede hacer mucho frente a estas situaciones, «pero sí se puede, con mayor información y profesionalidad se pueden cobrar otros impuestos, no para impedir la importación sino para cobrar lo justo y permitir a la industria nacional competir en términos más o menos parejos con la de otros países». *

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