Incógnita por lo que pasará con la economía brasileña
DAVID CHANCE – LONDRES, REUTERS
Brasil no tiene nada de qué preocuparse si mantiene políticas económicas «sanas» luego de su elección presidencial, de acuerdo a declaraciones que hicieron el fin de semana pasado la funcionaria del FMI Anne Krueger y el presidente del banco de la Fed de Nueva York, William McDonough.
Según ese punto de vista, desaparecerá el nerviosismo que ha conducido a una depreciación del 36 por ciento del real frente al dólar este año, y a un alza del 13 al 25 por ciento en el rendimiento del bono Brady «C» de Brasil, por la posible victoria del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva en los comicios del 6 de octubre.
Las caídas que han sufrido los mercados brasileños reflejarían la lógica de los inversionistas de que, si Lula gana, es poco probable que recorte el gasto en un país donde 40 millones de sus 170 millones de habitantes viven en la pobreza para así tener dinero suficiente para pagar el servicio de la deuda brasileña.
Según este escenario, si Lula fuera vencido por el candidato favorito de Wall Street, el oficialista José Serra, o si Lula se muestra dispuesto a recortar los gastos, liberalizar la economía y abrir más el comercio, las tasas de interés de Brasil bajarán, la economía se recuperará y las deudas serán pagadas.
Krueger, la primera subdirectora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), considera que «Brasil superará su situación sin una reestructuración de su deuda porque están en posición para seguir creciendo».
Sin embargo, algunos analistas advierten que este punto de vista optimista requerirá de duros ajustes en los próximos años.
Para que funcione el escenario que presentan Krueger y McDonough, el primer paso sería que el nuevo gobierno brasileño elija a un equipo económico que genere confianza entre los inversionistas y que, respaldado por un ya acordado crédito de 30.000 millones de dólares del FMI, aleje a los especuladores.
Sin embargo, hay analistas financieros que dicen que Brasil necesita más reformas.
Para varios economistas, el déficit en la cuenta corriente de Brasil es un motivo de preocupación, ya que el país necesita fuertes ingresos de capitales para financiar su brecha externa.
Según algunos analistas, cualquier ajuste en su balanza externa que incluya un incremento en las exportaciones y una reducción en las importaciones, tendría que producirse como resultado de un tipo de cambio devaluado y una contracción en el crecimiento económico.
Esto incrementaría el costo del servicio de la deuda a través de tasas de interés reales más altas y aumentaría la carga deuda/PIB, algo que probablemente podría acercar más cualquier crisis, y además llevaría a más gente a la pobreza.
Para evitar este tipo de ajuste, varios economistas argumentan que Brasil debe aumentar su superávit fiscal primario, que ya está en 3,75 por ciento del PIB, y reducir el gasto que provocó que la deuda se incrementara.
«Para Brasil, incrementar el superávit fiscal primario a cinco por ciento del PIB significa reducir el déficit del sistema de jubilaciones, el gasto en salarios y los gastos financiados por ingresos ya asignados», dijo Paulo Leme, analista de Goldman Sachs.
A fines de setiembre, el Banco Central de Brasil recortó su estimación de los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED), una de las principales fuentes de financiamiento externo de la nación sudamericana, en este año y el próximo.
Pero también dijo que el déficit de la cuenta corriente del país se reduciría más de lo previsto en 2002 y 2003, gracias a un creciente superávit comercial, de acuerdo a la autoridad monetaria. Sin embargo, la pregunta que en todo el mundo se hacen y parece no tener respuesta es ¿qué pasa si los problemas de Brasil se profundizan? *
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