Escrito por: Diego Fernández - Salto

“Todo el sistema de multas y recargos –agregó– fue ideado en la época en que imperaba la concepción filosófica de un gobierno militar, algo distinto a lo que deberÃa primar hoy, que sobre todo fue pensado en un momento económico en que la ecuación vinculada a la inflación era muy diferente. Una multa establecida en el 20% de la cuenta a pagar por el contribuyente, con una inflación del 100 o el 120 % es una cosa; y una multa del 20% con una inflación del 5% es algo muy diferente”.
“El sistema se volvió perverso en sà mismo, porque en definitiva quien no puede pagar jamás puede volver a engancharse en el sistema tributario, porque es tan oneroso el aumento del costo que la gente prefiere esperar para ver qué sucederá con todo esto”, indicó.
No obstante, Carlos Secco reconoció que “la Intendencia de Salto ha tenido algunas consideraciones, ya que la propia Asociación Agropecuaria de Salto le planteó tiempo atrás algunas cosas que fueron aplicadas a nivel general con la primera refinanciación de adeudos, a poco de iniciarse esta última administración”.
“El sistema se ha transformado al punto de que si alguien se sale del mismo por cualquier motivo, luego se le hace imposible volver a ingresar. Si la administración pública se manejara como la administración privada no existirÃa la multa. La idea que se habÃa planteado es que pudiera existir una multa establecida en el 20% del valor de la inflación, pero no algo que pudiera convertirse en una pena de tal rigor que impidiera al contribuyente reingresar el sistema. Si a eso se le suman los intereses, la deuda llega a cifras escandalosas”, indicó el dirigente quincista.
“El otro dÃa leÃa en el diario que la deuda de Cybarán es una demencia, que solamente pasa cuando las leyes no se adecuan al funcionamiento general de la economÃa. Como tenemos una sola intendencia y los seres humanos nos manejamos en forma comparativa, no es fácil hacer apreciaciones para la mayor parte de los ciudadanos, entonces no saben cuál es el mejor sistema. Sin duda uno podrÃa imaginarse que una intendencia que ha hecho determinada serie de obras y tuvo una participación importante desde el punto de visto social y demás, podrÃa calificarse como una intendencia de lujo, pero el problema central es que ahà estamos alejados de la realidad, porque el ciudadano no puede pagar una intendencia de lujo y sólo puede pagar una intendencia que está de acuerdo a sus posibilidades. Eso generó este desfase que tenemos y el resultado es claro: morosidad”.
“En un paÃs que tiene un problema crÃtico de crecimiento y una enorme presión tributaria sobre el producto bruto total, este problema hace imposible competir en la región y en el mundo. El problema básico es bajar la carga del Estado para que se generen actividades diferentes. No estamos en condiciones de pagar una intendencia de lujo, necesitamos gente de lujo, desde el punto de vista intelectual y creativo, que permita hacer todos esos cambios sustanciales que son necesarios para crear el ámbito propicio que habrá de generar transformaciones esenciales para que haya un despegue como todos deseamos”, dijo el ex presidente de la Federación Rural.
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