En búsqueda de la estabilidad perdida
Carlos Viera
Luego de muchos años de militancia, nos sentimos con el derecho y el deber de expresar que no somos partícipes de la idea de que cuanto peor le vaya a la gente más consciencia toma. Lo que está sucediendo en Argentina creemos que aporta mucho al respecto.
Por lo tanto, nuestro aporte será en defensa de la estabilidad financiera, no del sector bancario, que es bien distinto. Pero no podemos defender cualquier estabilidad del sector financiero. La que existió en los años precedentes, naufragó con el modelo del que era parte. En efecto, ya hay heridas que afectan a todo el organismo. Porque si hablamos de depositantes afectados, debemos considerar los que perdieron al adquirir Obligaciones Negociables de Granja Moro, los que colocaron su dinero en Fondos de Inversión fallidos, los que compraron bonos del tesoro que ahora valen el 40% de su valor y también los depositantes, tanto argentinos como uruguayos, que confiaron en la seguridad que otorgaba la institucionalidad dada por el BCU al Banco de Galicia en nuestra plaza.
Actualmente el crédito es mínimo y ya la cadena de pagos está resentida. Para peor, habló el señor Presidente, remarcando que se había retirado el 40% de los depósitos y dando cuenta de los cambios para revertir eso. Pero todos sabemos que cada vez que nuestro Presidente augura algo, sucede lo contrario.
Pero además de estar maltrecha, esta estabilidad no servía. Porque en aras de lograrla, no se reparó en relegar al sector productivo, por lo menos en los últimos doce años. Porque generó una inconveniente vulnerabilidad cuyas consecuencias hoy padecemos. Porque el ingreso fácil de recursos financieros no se canalizó en forma adecuada.
El Estado no invirtió
Por un lado, el Estado, que mientras las Calificadoras de Crédito le pusieron buena nota, fue captador de dichos recursos por la vía de emisión de títulos, no invirtió más ni promovió los cambios estructurales necesarios. Los usó para el financiamiento fiscal y para la constitución de reservas, que a la postre de poco sirvieron. Por el otro lado, la banca privada, receptora de recursos provenientes, básicamente de Argentina, y básicamente non santos, o bien los volcó al exterior, o bien los prestó al consumo a tasas de interés altísimas. He aquí un negocio redondo para las grandes empresas transnacionales: mientras unas colocan en nuestra plaza productos finales aprovechando la exagerada desprotección cambiaria y arancelaria, las otras, sus socias, prestan para financiar su compra.
Esta crisis bancaria es una expresión de que esa plaza financiera, organizada sobre esas bases, ya no existe. Por lo tanto, intentar sostenerla, aparte de ser carísimo, es inequitativo y encima inviable. Y si el préstamo del FMI que todos estaremos pagando, es para defender esa estabilidad, cuando hay imperiosa necesidad de volcar recursos para la reactivación, estaremos definitivamente en contra.
Para prevenir la crisis de insolvencia
Entonces, ¿a qué sistema bancario aspiramos dotar de estabilidad? Señalamos ocho requisitos que, a tales efectos, consideramos que tendrían que cumplirse.
1) Desdolarización de la economía hacia adelante. Hoy más que nunca es necesario retomar el control sobre la política monetaria. Ello se entorpece si el dólar sustituye a nuestra moneda en los contratos de alquiler, en los precios ofrecidos, en las financiaciones otorgadas por los comercios, etc. Por otra parte, los bancos sólo debieran otorgar créditos en dólares a quienes cobren sus ventas en esa moneda. Y en tanto la razón válida para constituir depósitos en dólares sea garantizar el mantenimiento de su valor, habrá que instrumentar y promover mecanismos que incorporen la nueva Unidad Reajustable a efectos de ir cambiando esta tendencia en favor de nuestra propia moneda.
2) Al servicio de lo productivo, o sea propender a la canalización productiva de los recursos en el país y a lograr el abatimiento de las tasas de interés. Una nueva regulación debería promover las operaciones activas en Unidad Reajustable y sólo prestar en dólares a quienes vayan a percibir sus ingresos en esa moneda.
3) Control al ingreso de capitales. La banca que quiera tomar depósitos de no residentes e ingresarlos al país deberá cumplir con requisitos bien distintos a los actuales en materia de plazos y destinos de esos fondos. La inversión directa, de quienes vayan a participar del riesgo país, tendrá que ser estimulada frente a la inversión financiera, máxime la de corto plazo, que puede tener componentes especulativos y de volatilidad.
4) Revisión crítica del sistema de contralor por parte del BCU.
En tanto la normativa tenga fisuras o vacíos capaces de permitir las maniobras perpetradas en los Bancos Comercial y Montevideo, deberá ser objeto de profundos cambios. En particular la asunción de controles sobre las tasas de interés sin limitar el espacio del mercado sujeto a control. Pero además deberá propiciarse un cambio en la cultura del control, erradicando cualquier signo de actitud complaciente o temerosa frente a las posiciones de poder.
5) La gradual instrumentación de un seguro de depósitos, a cargo de las instituciones y los depositantes, compartiendo su costo. En vez de intentar ampliar los recursos externos que se destinen al apoyo a las instituciones financieras, sería del caso negociar un cambio en su carácter, más como garantía que como crédito.
6) El Estado debería garantizar, sin necesidad de seguro alguno, los depósitos en moneda nacional (reajustables o no) en las instituciones financieras oficiales o gestionadas.
7) La situación de los endeudados deberá atenderse. En los casos debidamente justificados, una combinación de: a) quitas por parte de las instituciones que ya han cargado a pérdidas parte de los créditos; b) habilitación a pagar la deuda con Bonos del Tesoro adquiridos en el mercado secundario a una cotización baja, respondiendo a un riesgo país alto; c) fondos frescos para financiar dicha recompra y reactivar la producción.
8) La intervención con desplazamiento de autoridades de los bancos Comercial y Montevideo, debería mantenerse y oficializarse, constituyendo junto con el BROU y el Banco Hipotecario, un único núcleo bancario estatal (holding) aunque sujeto a áreas especializadas y a una profunda reestructura. De modo alguno deberá repetirse la experiencia reprivatizadora.
Ninguna de estas estabilidades por las cuales será preciso bregar para que la gente viva mejor, será genuina y sostenible sin reactivación productiva y sin que se encare la contingencia social.
El nuevo ministro, que habló de ello al asumir, a nuestro entender, debería dar ciertas señales. Está a su alcance una rápida traslación de los fondos retenidos a la Universidad para el Hospital de Clínicas. Ya debería haber detenido esta nueva suba devastadora en los combustibles. Está a tiempo de corregir el nefasto recorte a las inversiones públicas en la Rendición de Cuentas. Se torna imperioso trabar mecanismos automáticos y no justificados de suba de precios, así como citar a los Consejos de Salarios por ramas de actividad. Y apostando a la salida por las exportaciones, ahora que el tipo de cambio lo permite, afirmar los dos mecanismos típicos de promoción: la devolución de impuestos indirectos y el sistema de prefinanciamiento de las exportaciones.
No se trata de maximalismos. Estamos considerando lo necesario y lo factible para adelantarnos a los acontecimientos. Porque concebimos esta crisis de liquidez como un comportamiento anticipativo de los ahorristas, quienes prevén una crisis de solvencia. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad