ANALISIS NACIONAL - ¿Qué fue lo que precipitó las medidas cambiarias de ayer?

Una señal de abandono

POR JORGE JAURI

 

Con el ancla cambiaria se fue lo que quedaba de credibilidad, y con ella la que aún poseía el ministro Bensión, ministro discutido si los hay pero que en esta situación no tiene sustitutos a la vista. La decisión de ayer terminó de eliminar las mínimas certezas que aún tenía el mercado. Pero, además, el desenlace fue tan fantástico que requiere explicaciones un poco más avanzadas que un mero intento de ganar competitividad. Naturalmente no fue una decisión adoptada en una situación de «comodidad» del Banco Central tal cual lo intentó explicar el equipo económico en la conferencia de ayer. Si fuera así, el gobierno y el Fondo podrían haber preparado el cambio de política como parte de un proyecto más ofensivo. Acordado así, el cambio, sólo suma incertidumbres y en particular, agrega una sensación de derrota que poco ayudará a resolver lo esencial. Que no es ya la competitividad obviamente, sino la recomposición de mínimos de confianza.

Y de confianza en la potestad y capacidad del gobierno de, al menos, intentar manejar las situaciones más extremas. Es inteligible que se haya mantenido ocupado durante cuatro semanas a todos los operadores políticos y gran parte de los comunicadores en el seguimiento de las «Propuestas» esbozadas por el Dr. Ramela el martes, si es que se estaba preparando el abandono de la política cambiara para cuarenta y ocho horas después. Ahora ya todo eso debe ser revisado.

El equipo económico tenía perfectamente claro que el abandono de la pauta cambiaría no agregaría nada en materia de reactivación, ni ahora ni en una perspectiva de mediano plazo. Sabía, en cambio, que el abandono de lo que hacía quince días se había reafirmado, sólo puede aportar más incertidumbre, más desconfianza, más parálisis.

En este orden de razonamiento uno tiene derecho a preguntarse qué fue lo que pasó efectivamente en los últimos días que obligó al gobierno a elegir el peor momento. No fueron cambios relevantes en materia de competitividad regional lo que precipitó la decisión. Tampoco fue la consecuencia de un ataque especulativo insostenible contra la moneda nacional… La razón hay que buscarla en el agotamiento del esfuerzo de estabilización financiera que estaba procurando el equipo económico. Entre el viernes y el miércoles se produjeron hechos que deben haberle advertido al gobierno en cuanto a que el aislamiento internacional del país impediría incorporar socios y capitales frescos al sistema financiero. La integración de capital de los socios del Estado en el Banco Comercial sería –según versiones– la contrapartida exigida por el BCU para no extender al JPMorgan, y el resto de los bancos mayoristas el juicio penal contra los Rhöm. Pero en esa integración quedaría la cosa y a partir de allí se consolidaría la cesión formal del Banco al Estado.

A ello se le suma el desinterés de otros socios potenciales de integrar capital en bancos con problemas.

En una vertiente complementaria, entre el martes y el miércoles el ejecutivo recogió respuestas muy negativa a sus desordenadas propuestas de estabilización fiscal y reforma de Estado.

En estas condiciones y sin disponer de instrumentos constitucionales para lograr mayorías suficientes es obvio que ni para el Dr. Batlle ni para el Dr. Lacalle era posible persistir en la línea que hace sólo una semana atrás había sido reafirmada plenamente.

La modificación de la pauta cambiaria, lejos de «culminar el proceso de transición hacia un régimen cambiario totalmente flexible…» como lo informa el comunicado del BCU, es una señal de abandono. Por unas semanas más el BCU ensayará una política monetaria muy contractiva intentando hacer lo que desestimó en varias oportunidades: cambiar el ancla dólar por objetivos inflacionarios.

Para lo cual, la política contractiva deberá ser aún más dura. Nadie creerá ya en las sustentabilidad política de este nuevo ensayo, dado lo cual nos aprestamos a vivir una de las etapas difíciles de la historia nacional. Sin confianza y ahora con un ancla socialmente más costosa aún. *

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